Actitudes: ¿Una nueva Constitución?

José Santiago Healy (*)

Como cada año, este 5 de febrero se realizó gran festejo político para celebrar el aniversario de la Constitución Mexicana, que cumplió 97 años de vida.

Mientras otros países respetan el contenido de su Carta Magna o en su defecto crean una nueva, en México seguimos exaltando un documento que en nada se parece al original.

Dice el columnista Catón que “tantas reformas ha sufrido la Constitución que no la reconocería ni la madre que la parió”.

Según el periodista Rogelio Velázquez, la Constitución ha sufrido 552 reformas desde que fue promulgada el 5 de febrero de 1917, en la ciudad de Querétaro.

Del total de cambios 110 corresponden al gobierno de Felipe Calderón, 77 se realizaron durante el sexenio de Ernesto Zedillo y 66 más durante la presidencia de Miguel de la Madrid.

Estos tres gobiernos ocupan el primero, segundo y tercer lugares en modificaciones constitucionales, mientras que el cuarto lugar lo tiene Carlos Salinas de Gortari con 55 y le siguen Luis Echeverría con 40, José López Portillo con 34 modificaciones y Vicente Fox con 31.

En el actual gobierno suman 10 las reformas realizadas hasta el pasado mes de diciembre, pero al ritmo que lleva nada remoto sería que supere el récord impuesto por el régimen de Calderón, quien al igual que Enrique Peña Nieto es abogado de profesión.

Álvaro Obregón fue el primer presidente en promover un cambio constitucional en 1921, apenas cuatro años después de su nacimiento. En el gobierno de Obregón se reformaron un total de ocho artículos. A diferencia de otros países, México cuenta con una Carta Magna parchada y colmada de remiendos, mucho peor que una carpa vieja de circo.

Infinidad de los cambios realizados no se concretan en leyes secundarias y otros simplemente contradicen el espíritu original de la Constitución, como ocurrió con los cambios a la tenencia de la tierra que promovió el régimen de Carlos Salinas de Gortari.

Por ejemplo, en el sexenio de López Portillo se añadió al artículo sexto la siguiente frase: “El derecho a la información será garantizado por el Estado”.

Pero su reglamentación se hizo 30 años después, para buena suerte de los mexicanos, porque López Portillo habría sido capaz de nacionalizar los medios de comunicación tal como lo hizo con la banca privada.

El caso es que los mexicanos tenemos una Constitución muy vieja y con demasiados tijeretazos, lo que nos lleva a pensar que ha llegado el momento de redactar una nueva Carta Magna, acorde con el Siglo XXI y con los tiempos que vivimos.

España promulgó una nueva constitución a raíz de la transición democrática que vivió en 1976 y, a decir verdad, este ejercicio resultó un paso importantísimo para alcanzar acuerdos políticos y sociales de trascendencia. En México necesitamos una Carta Magna sencilla, bien redactada, fácil de comprender y donde los mexicanos veamos reflejados los cambios y las aspiraciones en todos los órdenes de nuestra vida política, económica y social.

No se trata de modificar más los artículos, sino de simplificarlos y dejar atrás su contenido rebuscado y extenso que resulta de difícil acceso para el ciudadano común y corriente.

Llegar a 2017 con una nueva y moderna constitución mexicana sería la mejor forma de celebrar el primer centenario de aquella Carta Magna que sirvió de corolario a la violenta Revolución de 1910.

Porque a decir verdad es un documento que ya nada tiene que ver con la realidad actual y menos con los cambios que vivimos en áreas como economía, tecnología, migración, democracia y ecología.

El principal peligro sería que los partidos se encargaran de elaborar la nueva Constitución, porque entonces saldría peor el remedio que la enfermedad.

Pero si se encomienda la tarea a un grupo de expertos integrado por juristas, abogados, comunicadores, sociólogos y economistas, el país entero y los mexicanos saldríamos ganando.

Habrá que ver si el gobierno actual quiere echarse este trompo a la uña ante la magnitud de un reto de tal envergadura.

Apuntes finales

Vaya polémica que armó el futbolista Carlos Vela con su negativa oficial para participar en el Mundial de Brasil 2014… Pero hay desaires que se agradecen porque a estas alturas Vela habría sido el jugador incómodo de la selección mexicana, como sucedió en su momento con Guille Franco y con Nery Castillo.- México, Distrito Federal.

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*) Periodista




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