Ponce regresa y agrada

Galán destaca en su confirmación en San Isidro

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Arriba, el toro acompaña el viaje de la muleta de David Galán. A la izquierda, Enrique Ponce brinda la muerte de su primer toro a Mario Vargas Llosa, en laureado Premio Nóbel que vio la corrida en un burladero con su esposa
Un muletazo muy en el típico estilo de torear de Enrique Ponce, en su reaparición tras cinco años de ausencia en la Plaza de Las Ventas de Madrid, ayer


Luego de cinco años sin presentarse en la Plaza de Las Ventas de Madrid, Enrique Ponce llegó a la Feria de San Isidro a mostrar su toreo… Y se marchó con el público convencido de lo que hizo.

Ponce toreó gustoso a su segundo enemigo, en los mejores pasajes de una corrida complicada otra vez por el difícil juego de los astados, en la séptima corrida de San Isidro, en la que compartió cartel con el francés Sebastián Castella y el joven David Galán, quien pasó con nota alta la confirmación de su doctorado en una plaza en que su malogrado padre, Antonio José Galán, siempre fue muy bien apreciado.

Un detalle que apunta la reseña del portal mundotoro.com: “Es curioso, en el mismo lustro que duró el destierro de Ponce en Madrid, el malagueño (Galán) toreó dos corridas. Quizá el toreo, en sí mismo, es una nube con forma de camello”.

Pero Galán no parecía haber toreado tan poco, especialmente con lo mostrado con el que cerró plaza.

Ponce se llevó las palmas, no de agradecimiento, sino más bien de reconocimiento, y también tuvo elogios el entregado Castella.

A Galán habrá que verle más que dos tardes en cinco años. Ayer en Madrid dejó muestra de lo que es como torero, como Ponce dejó la suya, diciendo que vale mucho más de lo que en Las Ventas se habla de él.

“He cumplido un sueño muy bonito del que seguro mi padre estaría orgulloso”, confesó el joven Galán.

Ni duda cabe de eso.

En el difícil sexto toro, se esforzó tanto que pocos imaginaban que dos tardes tenía en su palmarés. Toreó con verdad, sin nervios, entre dos figuras.- Gaspar Silveira




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