Oreja entre banderilleros

Uriel Moreno "El Zapata" triunfa en tarde difícil

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Uriel Moreno "El Zapata" celebra la única oreja de la tarde, que conquistó con la mejor faena en La Mérida
El tercio de banderillas brindó las mayores emociones ayer en La Mérida. Aquí dos estampas: "El Zapata" (arriba) y "El Chihuahua" (derecha)
Arriba Rafael Ortega en uno de sus lances con su primer toro de la tarde. El matador se despidió ayer de La Mérida, donde cosechó varios triunfos a lo largo de su carrera. Abajo, el tlaxcalteca agradece al respetable


Cuando acudimos a la plaza a presenciar una corrida de toros, siempre habrá algo para guardar en la memoria. Unas tardes más, otras menos, pero el buen aficionado estará dispuesto a disfrutar y emocionarse.

Lo que sucedió en el ruedo de La Mérida no habrá sido del agrado de los entendidos, pero -hay que señalarlo- la mayoría de la gente salió contenta, declarando en triunfo a sus toreros predilectos. Una vez más, se confirma el precepto de que la fiesta de los toros es del pueblo, del que expresa sus emociones con justo derecho.

El encierro de La Playa fue deslucido y complicado en términos generales, salvo el 2o. que correspondió a “El Zapata”. De ahí que a lo largo del festejo, fuera el tercio de banderillas el capítulo que brindara las mayores alegrías a los asistentes.

El triunfador de la tarde fue Uriel Moreno “El Zapata”, quien sorteó a “Indio”, de 558 kilos, el toro más potable de La Playa. Muy dispuesto y variado con el capote, lo recibió con dos largas de rodillas y cuatro verónicas verticales rematadas con una revolera. Quitó por navarras y tomó los palitroques para ligar dos pares en la misma suerte, muy lucido el segundo al violín. Cerró el tercio con un cuarteo de mucha fuerza, arrancado la ovación.

Con la muleta, Uriel entendió las condiciones del astado y lo fue llevando de las tablas a los medios, con trazos largos y didácticos, que “Indio” agradeció para crecerse en su lidia.

En los medios se plantó para correr la mano en trazos largos y templados, que fueron estructurando una obra de mucha fuerza que alcanzaría su cénit cuando se pasó el engaño a la izquierda y cobró cuatro naturales muy meritorios, extendiendo el trazo más allá de la voluntad del toro. Magnífica serie que remató una faena de mucho interés. Colocó una estocada entera para cortar la única oreja de la tarde.

Rafael Ortega se despidió de La Mérida, plaza en la que cosechó la estimación de la afición local y de la que salió con varios triunfos a lo largo de su carrera. Ayer no fue posible verlo en ese plan. Un poco por las malas condiciones de sus dos astados y otro poco por cierta falta de disposición, notable en su segundo, al que muy poco le quiso y pudo hacer. Su primero, un toro muy justito de presencia y feo de hechuras, sólo le permitió lucirse con las banderillas, con dos pares hacia las afueras y uno al violín, muy ovacionado.Similar escenario se presentó con su segundo, un manso y complicado con el que abrevió para retirarse en silencio.

Antonio García “El Chihuahua” es un torero que apuesta a dos de los cuatro fundamentos del toreo: valor y estilo propio. Desdeña la técnica y pasa de largo por el factor estético, ese que cubre al toreo moderno con el manto de la belleza. Valiente y variado, va armando sus faenas interactuando con el público, pero permitiendo enganchones a las telas y corriendo la mano en trazos carentes de claridad y lentitud. Su primero se lesionó en un burladero y fue substituido por un ejemplar muy justito de presencia, de doña Celia Barbabosa, que fue muy bueno.

Con las banderillas estuvo muy espectacular, especialmente cuando tomó un sombrero y se fue hacia atrás largo trecho, aguantando la embestida. En el último tercio, entre muletazos sin trascendencia, fue recogiendo la aprobación del tendido y al finalizar un pase en redondo, fue alcanzado por el toro y resultó lesionado del gemelo derecho.

Después de cinco pinchazos, escuchó un aviso. Hizo bien el Juez de Plaza en advertir la calidad del astado y ordenar el arrastre lento.

La faena a su segundo estuvo envuelta en dramatismo, debido a su lesión que le impedía moverse a plenitud. En el mismo tono, lució con las banderillas al colocar tres pares al quiebro, el último con banderillas cortas.Poco que recordar de la faena de muleta, salvo algunos derechazos largos y la media estocada con que remató su actuación, antes de dar una vuelta al ruedo entre las aclamaciones de una buena parte del público, que insistimos, es el que manda.




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