La tragedia ronda en la Fiesta

La cruda realidad del toreo se vive en Las Ventas

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El sepelio, ayer en Sacalum, del infortunado Luis Miguel Farfán Martín, fallecido el domingo pasado por una cornada en Maní
El rictus de dolor del diestro David Mora tras ser levantado por el toro ayer en Las Ventas de Madrid. Vendrían varias volteretas y, finalmente, la cornada que le partió la femoral


MADRID, España.- Pudo ser un drama. La tarde estaba para cualquier cosa menos para una corrida de toros. Desapacible, gris y un tremendo vendaval eran los indeseables ingredientes.

El ambiente enrarecido como pocas veces ocurre en la Plaza de Las Ventas. Para abrir boca, mal gesto el no guardar un minuto de silencio por el novillero Luis Miguel Farfán fallecido en Maní (torero yucateco oriundo de Sacalum) por una fuerte cornada en el vientre. Gloria para él, dejó la vida en el ruedo como un verdadero héroe. Nula sensibilidad.

A pesar de la adversa climatología, David Mora arrancó con paso firme hasta la segunda raya del tercio para recibir a su primero de rodillas. Gran ovación para el valiente, dejando claro en primera instancia, que no iba a dejar ganarse la pelea. “Deslío” se frenó en la salida y arrolló el capote del madrileño. Vivimos unos instantes terribles, el torero golpeado como un muñeco y se vio perfectamente cómo le infería una tremenda cornada en el muslo. Dejó un charco de sangre en la arena y un gesto de dolor tremendo cuando lo conducían a la enfermería. Todavía cuesta reponerse, el frío sigue en el cuerpo. Pudo der muchísimo más grave si el pitón llega a entrar en el abdomen.

Mejor ni pensarlo. Las primeras noticias de los doctores indican que la safena fue seccionada por completo, un gran destrozo muscular y otra cornada en la axila.

Antonio Nazaré se hizo cargo de la lidia y muerte del de El Ventorrillo. Soso y descastado el animal. El sevillano sólo pudo dejar una grata sensación dibujando naturales que no pudieron llevarse a cabo por el corto viaje del burel. Clase nula y un molesto cabeceo que no dejaron estar delante. Lo mató de estocada.

Salió el segundo, un toro altiricón de Los Chospes que remendaba la corrida. Jiménez Fortes perdió el equilibrio en el recibo con el capote y a punto estuvo de costar muy caro. Por suerte, todo quedó en un susto. No estaba el ambiente para bromas. En el quite, Nazaré resultó prendido llevándose un fuerte golpe en la rodilla por el que tuvo que trasladarse a la enfermería. Cuando parecía que nada más podía pasar, el malagueño fue empitonado. Tres volteretas espectaculares. Se mantuvo en el ruedo con ese valor especial de los los toreros. El animal se metía por dentro continuamente, malo de verdad, ingrato.

Con los tres en la enfermería, suspendieron la corrida. Podemos estar contentos porque ha sido un milagro. Eso y la actuación de los médicos, verdaderos ángeles de la guarda de aquellos que se visten de luces.- Víctor Soria (burladero.com)



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