La Monumental Avilés, emocionada

La Monumental Avilés, emocionada

Plena jerarquía de Pablo Hermoso de Mendoza en Motul

Pablo Hermoso de Mendoza mostró su maestría y deslumbró en la Monumental de Avilés de Motul

La Monumental Avilés de Motul, guapa por sí misma, se engalanó con tendidos llenos para recibir emocionada la vuelta de la fiesta brava a la plaza de toros, luego del confuso paso por escritorios, cabildos, corrales, editoriales y redes sociales, donde ni se torea ni se cultiva la afición.

Los toros para el reencuentro fueron 4 de Begoña para la lidia ordinaria, disparejos de hechuras y comportamiento, y 4 de Los Encinos para rejones, desiguales de presencia y bravos.

Sergio Flores se presentaba ante la afición yucateca y ya puede presumir su personal “Veni, Vidi, Vici”, que comenzó a declarar desde su primero, un toro soso, incierto y deslucido, al que le pisó los terrenos con mucha firmeza y convicción. Su academismo y determinación lo llevaron a exprimirle dos series de naturales y dos por derecha de mucho mérito técnico. Dejó una estocada entera tendida y cuatro golpes de descabello, escuchó un aviso y se retiró en medio de la ovación.

En el que cerraba plaza, la gente vibró con el tlaxcalteca y los ¡olés! largos y profundos que escuchó surgieron de su resolución torera. Había que pisarle al morito el sitio exacto para que se entregara.

Citando al hilo, templando el trazo y rematando cada muletazo con mucho mando y mano baja, Sergio fue bordando una faena que se guardará en la memoria de cada aficionado.

Firmó con una estocada entera y salió a hombros con dos orejas, como dos invitaciones a volver pronto.

La jerarquía de Pablo Hermoso de Mendoza es rotunda. Su primacía pesa en las taquillas, en la arena, en la silla de montar y en la lidia. El domingo volvió a sorprender y deslumbrar. Campaña tras campaña, lo vemos volver con un nuevo espacio conquistado, con una nueva distancia abordada, con un toque distinto, con una puesta en escena aún más eficaz, aún más emotiva. Los toros del navarro provenían de Los Encinos, el primero chico y su segundo de mucho peso, pero ambos bravos y emotivos.

El caballero ha toreado en la distancia corta, con temple y mando, llevando los pitones cosidos a las colas de sus jacas y en las batidas por tablas, templó alternando ambos lados de las ancas, con ritmo y cadencia, dejando en claro las razones de su jerarquía. Para su segundo, cuando intentaba dejar el rejón de muerte, sufrió un tumbo aparatoso, por fortuna sin consecuencias.

En tenor parecido, la faena a su primero fue un boceto de aquel concierto. Una pena que no le alcanzara la fortuna para consumar la suerte suprema, que le impidió pasear los trofeos ganados a pulso.

Mala tarde

Fermín Spínola se fue de Motul debiéndole a la afición mayor de entrega. Si bien es cierto que su primero fue un toro muy complicado, pues detrás de su mansedumbre ocultaba un peligro evidente, su segundo -desagradable de hechuras- ofrecía mejores condiciones, sin obsequiar nada. Pero Fermín no tuvo suerte, a pesar del aliento ofrecido por la afición.-

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