De gran presencia y poco juego

Decepcionan los "ibanes" en el vigésimo festejo

El diestro Rubén Pinar, en su faena de muleta

La ganadería madrileña de Baltasar Ibán, una de las predilectas de la afición de Las Ventas, ofreció ayer una corrida de toros de excelente presentación, pero con un juego decepcionante que deslució el vigésimo festejo de la Feria de San Isidro.

Fueron seis toros de fina lámina, musculados, sin un gramo de grasa, de armónicas hechuras y muy en el tipo de su estirpe, que además presentaron unas muy serias y desarrolladas arboladuras.

A pesar de la forma de los astados, el silencio fue el gran invitado de la corrida, pues Fernando Robeño, Luis Bolívar y Rubén Pinar no supieron aprovecharlos.

El único que desentonó fue el primer toro, que descolgó el cuello para embestir a ras de arena desde el primer capotazo de Fernando Robleño.

Mostró bravura, pero con el lastre de no andar sobrado de fuerzas de los cuartos traseros, lo que mermaba en parte su recorrido.

También se señaló, de otro modo, sobre sus hermanos un segundo burel que, al menos, aportó la emoción de su arisco temperamento, exigiendo un esfuerzo que finalmente hizo, sin resultados mayores, el colombiano Luis Bolívar entre la lluvia.

El tercero, también bajo la llovizna, se afligió a mitad del solvente trasteo de Rubén Pinar; el cuarto, con dos tremendas “velas”, se desfondó tras el muy fuerte castigo sufrido en varas; el quinto apenas tuvo fuerzas para repetir una embestida; y el sexto, el más hondo de todos, no guardaba un ápice de raza dentro de su imponente trapío.- EFE




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