República Dominicana muestra su poderío en el diamante

Por Antonio Bargas Cicero

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Samuel Deduno, pitcher de Dominicana
Tony Peña, el mánager de Dominicana
El entusiasmo de José Reyes
El trofeo del Clásico Mundial


 

En octubre, durante la Serie de Campeonato de la Liga Americana, Robinson Canó sufría para poder batear un jit y Tony Peña veía con impotencia desde la banca cómo la poderosa alineación de los Yanquis de Nueva York era humillada por el potente pitcheo de los Tigres de Detroit.

La noche del martes, Canó, quien apenas bateó tres jits en 40 turnos en la postemporada de 2012 de las Grandes Ligas, donde tuvo más ponches (6) que carreras producidas (4), y Peña, integrantes de los Yanquis de Nueva York, dejaron atrás ese trago amargo y le dieron a República Dominicana el título del Clásico Mundial de Béisbol, el cual confirma a una nación en la que el béisbol es lo máximo como una potencia del “rey de los deportes“.
Todos los que seguimos la pelota sabemos lo mucho que significan los quisqueyanos: son los reyes de la pelota en el Caribe y los mayores exportadores de peloteros a las Ligas Mayores. Pero el conjunto que dirigió el ex cátcher Peña necesitaba este campeonato y era una cuestión de orgullo nacional. No conquistaban un cetro internacional desde la Copa del Mundo de la Federación Internacional en 1951. En Los Juegos Olímpicos lo más que han logrado es un sexto lugar en 1992, y en el Clásico Mundial de 2009 quedaron fuera en la primera ronda tras caer dos veces con Holanda.

La actuación de Canó, el segunda base estrella de los Bombarderos del Bronx, contrastó con la de octubre pasado. Fue nombrado el Jugador Más Valioso del torneo, luego de batear .469 (33-15), con cuatro dobles, dos jonrones, seis carreras producidas y seis anotadas. “Sin mis compañeros, nunca hubiera sido el más valioso, así que no solamento soy yo, es todo el equipo”.

Fue además el más valioso en las dos primeras rondas que jugó Dominicana y encabezó a todos los peloteros del Clásico con 15 imparables, una marca del torneo. El lanzador Daisuke Matsuzaka, de Japón, fue el Jugador Más Valioso en las dos primeras ediciones del evento.
Apoyado en un sólido grupo de couches —José Canó (el padre de Robinson y ex lanzador de los Leones de Yucatán); Bill Castro (Baltimore); Alfredo Griffin (Serafines); Junior Noboa (trabaja como directivo para los Cascabeles de Arizona) y Juan Samuel (Filadelfia)—, Peña, quien está por comenzar su quinta temporada como couch de banca de los Mulos, demostró que puede volver a dirigir en las Mayores. En el debut dominicano, un triunfo 9-3 sobre Venezuela, que era otro de los grandes grandes favoritos, tuvo que lidiar con una demora de 50 minutos por lluvia —un récord del evento—, y junto con Castro, su couch de pitcheo, emplearon inteligentemente a nueve lanzadores, otra marca, para salir adelante. Pero su mayor mérito fue saber darle su lugar a cada una de las estrellas en su róster, dejar que se relajaran y divirtieran, y eso llevó a un impecable desempeño.
 

De 10-10
Es inusual ver a un equipo prácticamente de Grandes Ligas dominar de esta manera (Dominicana es el primer campeón invicto con 8-0 y mejoró en su historia en el Clásico Mundial a 14-4), cuando en el mejor béisbol del mundo apenas es pretemporada. Al cubrir la primera ronda del Clásico en Arizona, me quedó claro que México y Estados Unidos, que tenían para dar más, no estaban todavía en su mejor nivel. Los pítchers mexicanos Rodrigo López, Alfredo Aceves y Marco Estrada entraron fríos y eso fue clave en los reveses contra Italia y Canadá. Los estadounidenses se fueron abajo en cada uno de sus tres encuentros en el Chase Field y en la segunda ronda, en Miami, sus cañoneros no pudieron responder a la hora cero frente a Dominicana y Puerto Rico.

La clave de los quisqueyanos es muy simple: compromiso total para ganar el torneo. Tenían el talento para triunfar, pero además se prepararon desde el invierno para estar al 100% en marzo. En la memorable y maratónica final de la Serie del Caribe, en Hermosillo, Hanley Ramírez, Miguel Tejada y Ricardo Nanita se fajaron en serio, al igual que Fernando Rodney, quien realizó un relevo largo. Otros astros dominicanos participaron en el béisbol invernal.

Una actitud totalmente diferente a la de Estados Unidos, que tiene todo para conquistar el torneo y tristemente no le da importancia debida.

Los dominicanos ganaron los 10 juegos que tuvieron, si se toman en cuenta los de que preparación contra Yanquis y Filis. A Filadelfia lo arrollaron con 15 carreras y 28 imparables, castigando a Cole Hamels, quien abrirá el partido inaugural de los Filis, en lo que fue una muestra de lo que estaba por suceder.

La seriedad, alegría y pasión que pusieron en el diamante son algunas de las lecciones que deja este club dominicano. Otra muy importante, en especial para México y su organización para armar la selección a futuro, es que los caribeños se apoyaron en un gerente general, Moisés Alou, para armar su róster. La Federación dominicana apoyó, pero dejó las decisiones de béisbol para la gente de béisbol, en especial Alou, quien conoce perfectamente las Grandes Ligas.

Ese ejemplo debe serguir el Tricolor. Para 2017 se podría elegir como gerente general a Vinny Castilla o Juan Gabriel Castro, que ya trabajan en oficinas de equipos de las Mayores, y quien tenga el puesto trabaje con un comité de selecciones de las ligas profesionales, apoyado por la Federación. Así se trabajaría bien y en paz.

Por ahora hay que reconocer a Domininica, el país que ha dado alrededor de 500 peloteros a Grandes Ligas, más que cualquier otro y que cuenta con más de 100 actualmente en la Gran Carpa. En esa nación, prácticamente todos los clubes de las Mayores tienen academias de peloteros.

En el Clásico, los quisqueyanos dominaron de diversas formas. José Reyes, quien encendió la chispa, se convirtió en el 16o. en la historia con cuatro imparables en un partido. Será interesante ver competir a Reyes y Canó en la División Este de la Liga Americana. El receptor Carlos Santana igualó una marca del torneo al negociar cuatro pasaportes en un juego y en uno de los triunfos ante Puerto Rico bateó un cuadrangular decisivo. Rodney, con su “plátano mágico” y singulares festejos, lanzó en cada uno de los ocho encuentros y salvó siete.
Dominicana aceptó un total de dos carreras en sus últimos cuatro desafíos y en ninguno permitió más de cuatro.

Alou y Peña, sabiendo de los límites de lanzamientos, armaron su plantel con varios relevistas dominantes en Grandes Ligas como Santiago Casilla, Kelvin Herrera, Octavio Dotel, Alfredo Simon, Pedro Strop y Rodney, y éstos cumplieron con su labor. Dos de los campeones, Lorenzo Barceló (1-0, 2.08, 4.1IP) y Angel Castro, tienen experiencia en Liga Mexicana; Barceló juega para el campeón Veracruz.

“Esto es béisbol. En Dominicana se come y se respira béisbol. Esto está a la altura de todo, incluso de ganar una medalla de oro en los Olímpicos”.
 

Difícil reto para Amézaga
El veterano utility Alfredo Amézaga no representó a México en el Clásico por la oportunidad de ganarse un sitio con los Dodgers de Los Ángeles y no lo ha hecho mal: batea .256, con cuatro carreras impulsadas e igual númnero de anotadas en 19 partidos, en los que ha mostrado su versatilidad como jardinero y jugador de cuadro.

El problema es que el dominicano Elián Herrera, uno de sus principales rivales por un puesto, compila un porcentaje de .342. Y otro factor en contra de Amézaga es que el prospecto cubano Yasiel Puig, quien también podría quedarse con uno de los últimos sitios, está imparable en la Liga del Cactus, con .521, tres jonrones y 11 remolcadas. Juan Uribe, quien no tiene un lugar seguro, no es tan versátil como el mexicano, pero batea .378.

Todo apunta a Amézaga empezará en Triple A, aunque la lesión de Hanley Ramírez podría abrir una oportunidad.

 


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