Collins derriba la barrera de la homosexualidad en el deporte profesional

NUEVA YORK (EFE).— Cuando el domingo Jason Collins saltó al parqué del Staples Center de Los Ángeles dejó de ser un simple deportista y se convirtió en un símbolo de la lucha por los derechos de los homosexuales, al derribar una de las barreras más duras para el colectivo- la del deporte de equipo profesional.

“Estamos entrando en una nueva era con Jason Collins, los Brooklyn Nets y la NBA al frente”, aseguró en un comunicado el director de Athlete Ally, una organización que trabaja en la inclusión de los LGBT (gays, lesbianas, bisexuales y transexuales) en las competiciones deportivas.

Collins, un pívot más bien tosco, de los que se fajan bajo los tableros y con una carrera larga pero discreta que comenzó en 2001, pasará a la historia como el primer jugador abiertamente homosexual que juega en uno de los grandes deportes profesionales estadounidenses.

El jugador californiano, de 35 años, hizo pública su orientación sexual al término de la pasada temporada tras una larga carrera en la liga y ha permanecido hasta ahora a la espera de que algún equipo le diese la oportunidad de volver a competir, lo que han hecho los Nets con un contrato de diez días.

“La firma de este contrato es increíblemente importante”, explicó a Efe la directora ejecutiva del Centro del Orgullo de Brooklyn, Erin Drinkwater.

Para la organización, la participación de Collins en la liga “comenzará muchas conversaciones, en las escuelas, en los centros deportivos…”.

Collins “tiene la oportunidad de convertirse en un modelo”, aseguró Drinkwater.

Las agrupaciones de LGBT consideran fundamental que esos modelos aparezcan en todas las áreas de la sociedad y, en especial, en algo tan tradicionalmente machista como el deporte de alta competición.

“Durante generaciones, la juventud LGBT ha carecido de figuras abiertamente homosexuales como modelo en el deporte profesional masculino”, explicó en una nota el responsable de los programas juveniles de Athlete Ally, Akil Patterson.

Collins, mientras tanto, ha preferido por ahora dejar a un lado su recién adquirido carácter de símbolo y concentrarse en lo puramente deportivo, aunque volverá a vestir el dorsal 98 en homenaje a un estudiante asesinado por su orientación sexual en 1998.

“Ahora mismo, estoy centrado en aprender las jugadas. No tengo tiempo para la historia”, dijo en unas declaraciones tras el partido de anoche, en un mensaje de normalidad que trataron de mantener varios de sus compañeros de equipo.

Otros, sin embargo, no dudaron en resaltar la importancia del momento- “es un tipo que va a abrir la puerta para otros deportistas, no sólo en América, sino en todo el mundo del deporte”, apuntó el veterano escolta Paul Pierce.

El español Pau Gasol, que se midió a Collins en su regreso a las pistas, felicitó al pívot por “su coraje y por su valentía” y consideró que ha logrado “algo histórico”.

“Nosotros sólo nos dedicamos a jugar, pero su caso es extraordinario. Se ha convertido en un símbolo y eso conlleva cierta responsabilidad, pero creo que le parece bien”, indicó el español en el vestuario tras el encuentro.

En la llegada de Collins a los Nets ha tenido mucho que ver tanto la reputación de jugador duro y fiable del pívot, como su buena conexión con el técnico, Jason Kidd, y con varias de sus estrellas, como el propio Pierce y Kevin Garnett, con quienes compartió vestuario en el pasado.

Que su destino haya sido Brooklyn también tiene mucho de símbolo, pues ese distrito neoyorquino vio en 1947 cómo Jackie Robinson se convirtió en el primer jugador negro de las Grandes Ligas de béisbol con los Brooklyn Dodgers.

Además, su llegada a los Nets se produce justo después de los Juegos Olímpicos de Invierno de Sochi, cargados de polémica por las homófobas leyes rusas, y de la mano de un ruso, el multimillonario Mikhail Prokhorov, propietario de los Nets, quien ha criticado duramente la línea del Kremlin.

Apenas un par de deportistas profesionales, siempre una vez abandonada la competición, se han atrevido a salir del armario, una tendencia que poco a poco parece cambiar.

Con toda probabilidad, el fútbol americano tendrá la próxima temporada a su primer jugador abiertamente gai con Michael Sam, un prometedor universitario y uno de los favoritos para el próximo draft, que hace sólo unos días declaró públicamente ser homosexual.

Collins se concentrará durante los próximos días, y meses si renueva su corto contrato, en ayudar a su nuevo equipo con su garra y su disciplinada defensa, pero también ha demostrado repetidamente ser muy consciente de que será recordado por otros motivos.

“Al final, la contribución de Jason Collins no se medirá simplemente en estadísticas o por su lucha en la cancha, sino también por cómo su vida influirá en la de otros”, señaló Patterson.




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