En Uruguay 1930 comenzó la historia de la Copa del Mundo

En Uruguay 1930 comenzó la historia de la Copa del Mundo

Cartel promocional del Campeonato Mundial de Fútbol Uruguay 1930

Cartel promocional del Campeonato Mundial de Fútbol Uruguay 1930

MÉXICO, D.F.   (Notimex).- El 26 de mayo de 1928 nació el torneo deportivo más grandioso, glamuroso, político y a la vez apolítico, sin razas ni credos y tan maravilloso que a todos apasiona: la Copa del Mundo de Futbol de la FIFA.

 Ese día inició en Amsterdam un congreso de la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA) que votó 25-5 a favor de la propuesta del presidente, el francés Jules Rimet, para organizar la justa del orbe.

 Fue el fin de una historia y el principio de otra más gloriosa. La FIFA fue fundada en 1904 y ante la falta de recursos e infraestructura, el Comité Olímpico Internacional (COI) le dio apoyo al aceptar en 1906 la inclusión del futbol en su calendario competitivo.

 La FIFA lo avaló en 1914 como ‘campeonato mundial de futbol para aficionados’ bajo el auspicio de la Asociación de Inglaterra, en 1908, y la de Suecia, en 1912.

 Después hubo diferencias entre el COI y la FIFA y el futbol quedó fuera del calendario de los Juegos Olímpicos Los Angeles 1932, por lo cual Jules Rimet planteó la necesidad de organizar su propio torneo. Así nació la Copa del Mundo.

 Ante las candidaturas de España, Italia, Hungría, Holanda y Suecia, Rimet se inclinó y fue apoyado por Uruguay, que además era un premio a sus medallas de oro olímpicas obtenidas en 1924 y 1928.

 También el compromiso del gobierno por construir un nuevo estadio, el Centenario, al que Jules llamó ‘templo del futbol’ y que debido a las fuertes lluvias fue inaugurado hasta el sexto día de la competencia, y costear los gastos de los participantes que estarían en los festejos de la Jura de la Constitución de ese país.

 La FIFA giró las invitaciones a todos los países afiliados, con límite de respuesta el 28 de febrero de 1930. Por el Continente Americano aceptaron Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Estados Unidos, México, Paraguay y Perú.

 Todavía afectados por las secuelas de la Primera Guerra Mundial, los países europeos esgrimieron crisis económica para sufragar el largo viaje en barco por el Océano Atlántico.

 La Asociación Uruguaya de Futbol ofreció solventar todos los gastos del viaje y compensar a los clubes por la ausencia de sus jugadores profesionales, pero nada de respuestas positivas y a dos meses del inicio de la competición ninguna selección del ‘viejo continente’ había aceptado.

 Entonces comenzó la ‘diplomacia’ de Jules Rimet y prácticamente el equipo francés fue obligado a participar, pero la estrella del momento, Manuel Anatol, y el entrenador Gastón Barreau, se negaron a realizar el viaje.

 El Rey Carlos II de Rumania eligió al azar en las instalaciones de una empresa petrolera a los futbolistas que debieron integrar la selección para el mundial y así cumplió el favor que le pidió el presidente de la FIFA.

 Rudolf Seedrayers, vicepresidente de la FIFA, también intercedió para la asistencia de la representación de su país, Bélgica. Egipto aceptó con la petición de cambiar de fecha de inicio para llegar a tiempo a través del largo viaje, lo cual fue rechazado.

 Hasta que estuvieron los equipos en territorio uruguayo se realizó el sorteo y el Grupo A quedó formado por Argentina, Chile, Francia y México; el B por Bolivia, Brasil y Yugoslavia; el C por Perú, Rumania y Uruguay; y el D por Bélgica, Estados Unidos y Paraguay.

 El ganador sumó dos puntos, el perdedor cero y en empate una unidad. Los primeros lugares de cada sector clasificaron a semifinales; en caso de empate de unidades en la cima los equipos disputarían un encuentro de desempate. En ‘semis’, a eliminación directa y en caso de empate jugarían tiempo extra.

 Con los partidos Francia-México, en el Estadio Pocitos, y Estados Unidos-Bélgica, en el Estadio Parque Central, inició el 13 de julio la gran fiesta. Los galos ganaron 4-1 y los estadounidenses 3-0 dentro del certamen que finalizó el 30 de julio con la coronación ‘charrúa’.

 Hubo hechos insólitos, como la decisión del árbitro brasileño Almeida Rego de pitar el final del encuentro entre Argentina y Francia, con triunfo para la ‘Albiceleste’ 1-0, seis minutos antes del final, cuando el galo Marcel Langiller estaba en posición de marcar gol.

 Ante las protestas de los europeos, Almeida Rego se las arregló para convencer a los argentinos de volver a la cancha, pese a que algunos ya estaban en la regadera.

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