A mantener elefantes

Cuatro estadios, en riesgo de ser abandonados

En Natal, la selección mexicana debutó en Brasil 2014 ante Camerún

Una vez que el Mundial termine, cuatro estadios que costaron 1,600 millones de dólares quedarán inactivos mientras buscan darles algún uso en busca de que no se vuelvan “elefantes blancos”.

En la ciudad de Cuiabá, ubicada en el humedal más grande del mundo en el oeste del país, colombianos y chilenos llenaron a capacidad los 40,000 asientos de la Arena Pantanal durante el Mundial. El próximo partido importante en el estadio, que costó 260 millones de dólares, es el 20 de julio: Paysandú enfrenta a Cuiabá por el campeonato brasileño de Tercera División. Los funcionarios esperan unos 4,000 hinchas.

Otros tres estadios construidos para el Mundial tendrán destinos similares: el de Brasilia, el de Manaos, y en Natal en la costa noreste.

Ninguna de esas ciudades tiene clubes grandes, lo que significa que no habrá un arrendatario que llene las gradas y pague el mantenimiento y las utilidades.

Auditores del gobierno han dicho que el costo final del estadio de Brasilia será de 900 millones de dólares, lo que lo convierte en el estadio de fútbol más costoso del mundo después de Wembley.

Brasil no necesitaba 12 estadios para el Mundial. La FIFA pedía un mínimo de ocho, pero los organizadores locales decidieron construir cuatro adicionales.

“Lo único peor que gastar un montón de dinero en un estadio, es gastar un montón de dinero en un estadio que nadie usa”, expresó Victor Matheson, profesor de economía del deporte de la universidad Holy Cross en Worcester, Massachusetts. “Ningún economista de la academia diría que es una buena inversión gastar dinero en una instalación deportiva”.

Buscan arrendadores

Los cuatro estadios son multiuso: pueden albergar eventos sociales, culturales y convenciones. Cuentan con sitios web para promocionarlos y buscar arrendadores.

Mauricio Guimaraes, que encabeza los proyectos del Mundial en Cuiabá, dijo que el estadio podría albergar ferias agrícolas, eventos de negocio y “podría servir como incentivo a los equipos de Tercer y Cuarta División para que busquen el ascenso”.

En Natal, el estadio albergará un partido de segunda división la próxima semana entre America y Bragantino, en el que se esperan unas 3,000 personas. La cosa es similar en Manaos y Brasilia.

José María Marín, presidente de la Confederación Brasileña de Fútbol, ha dicho que encontrar usos para las instalaciones después del campeonato “depende de la creatividad y la imaginación de los dueños y administradores de los estadios”. La historia está repleta de elefantes blancos legados por mundiales y Juegos Olímpicos. El estadio construido en Ciudad del Cabo por 600 millones para el Mundial de 2010 ha albergado apenas siete partidos de fútbol en cuatro años. En su momento era la postal clásica del primer Mundial en Africa, construido en la costa y al pie de la famosa Montaña de la Mesa. Las autoridades locales dicen que eventualmente generará dinero para cubrir su costo. El panorama es incluso peor para el estadio construido en Polokwane, una ciudad que no tiene equipos ni forma de generar ingresos. El símbolo de los Juegos Olímpicos de 2008 en Beijing, el estadio Nido de Pájaros, se ha convertido en lo que el alcalde de Río de Janeiro Eduardo Paes catalogó como “un mausoleo al desperdicio de fondos públicos”. “No tenemos mucha evidencia desde el punto de vista económico de que los países que albergan estos grandes eventos tengan legados importantes”, señaló Matheson. “Quizás un estadio puede albergar un concierto de Beyonce o Mick Jagger. Pero no hay muchas bandas que metan 50.000 personas en un lugar”.

Funcionarios brasileños del sector de turismo esperan que la Copa sirva para impulsar esa industria. Un estudio reciente del Banco Mundial reveló que Brasil recibe apenas 5.7 millones de turistas extranjeros al año. En comparación, República Dominicana recibe 4.6 millones, y Francia recibe 83 millones de turistas al año.

“Hay una idea de que estos estadios de alguna manera servirán para fomentar otros desarrollos económicos”, indicó Robert Baade, un economista de la universidad Lake Forest en Chicago. “Pero así no funciona esto. No es como construir un centro comercial, que está abierto de 9 a 9. Hay mucho tiempo en que está cerrado. Estamos hablando sobre un estadio que se utiliza ocasionalmente”.

Brasil gastó unos 4,000 millones de dólares -80% de eso en dinero público- para construir o renovar 12 estadios para el Mundial. La inversión total en el torneo fue de unos 11,500 millones.

Un dato adverso es que los juego de Primera División en Brasil atraen, en promedio, menos fanáticos que la MLS de Estados Unidos.- AP



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