Zhangjiakou, un sueño olímpico para 2022 en las montañas de la Gran Muralla

ZHANGJIAKOU (EFE).- Rusia despide hoy en Sochi los primeros JJOO de Invierno de su historia y Corea del Sur toma el testigo para los de 2018, que serán en Pyeongchang, pero China tiene la vista puesta ya en los de 2022, para los que ha presentado la candidatura conjunta Pekín-Zhangjiakou.

A finales de 2013 Pekín confirmó este objetivo junto a una ciudad prácticamente desconocida, Zhangjiakou (250 km al noroeste de la capital) y aspirará en 2022 a ser la primera ciudad en acoger unas Olimpiadas de Verano (las de 2008) y otras de Invierno, algo que también intentó Múnich y se planteó con escasa pasión Barcelona.

Pekín acogería las pruebas sobre hielo y de las de nieve se ocuparía Zhangjiakou, durante décadas un centro militar estratégico para la defensa de la capital y famosa en el país por tener en sus proximidades la única puerta en esa estructura enladrillada de miles de kilómetros que es la Gran Muralla.

Ir a esquiar a Zhangjiakou, algo que cada vez practican más pequineses en los fines de semana, no es todavía fácil- se tardan más de tres horas en automóvil hasta llegar a las estaciones más populares, las de Wanlong (Diez Mil Dragones) y Genting, que suman una cuarentena de pistas.

En realidad, estas pistas también están lejos de Zhangjiakou, a una hora de automóvil, y toda la infraestructura para el esquí se concentra en una pequeña cabecera de comarca llamada Chongli, hasta hace poco un mero mercado de los agricultores locales que aún no se acaba de creer que pueda ser olímpico en un futuro.

Pero junto a las humildes viviendas de Chongli, pueblo de apenas tres calles y un río helado, se están ya construyendo, ante la fama que espera ganar la zona con la candidatura olímpica, ingentes cantidades de hoteles de aire alpino y zonas residenciales, que han multiplicado por cuatro el precio de la vivienda en la zona.

La locura constructiva es fruto del sueño olímpico pero también de la creciente pasión de algunos pequineses por el esquí, que en apenas 10 años han aprendido rápido- si en la década pasada les bastaba con ir a pequeñas pistas cubiertas sin apenas inclinación, ahora son expertos esquiadores, tanto ellos como sus hijos.

Wanlong, la estación más popular de la zona, reúne pistas de bastante dificultad, con tubos naturales, pistas de baches, fuertes pendientes y otros retos por los que bajan niños chinos de apenas cinco o seis años, con la misma naturalidad que sus coetáneos en los Alpes o los Pirineos.

“Tenemos posibilidades de ganar los Juegos, porque contamos con la gran baza del éxito de Pekín 2008”, señala a Efe convencido el director de la estación de Wanlong, Yu Donglin, quien cuenta que la instalación ya acoge carreras internacionales de carácter regional, con esquiadores de Japón, Corea del Sur, Rusia y Mongolia.

Este último país, próximo a Zhangjiakou, aporta curiosos toques estéticos a las estaciones locales, dado que en la zona hay agricultores de etnia mongol y cerca está la región china de Mongolia Interior.

Los esquiadores, por ello, a veces se encontrarán caballos típicos de las estepas pastando junto a las pistas, y en los lugares más destacados de las estaciones se erigen monumentos de piedras y banderas budistas de colores, algo muy tradicional entre los mongoles, que heredaron esta costumbre de los tibetanos.

La mayoría de los esquiadores que se deslizan por las laderas nevadas son pequineses rendidos a un deporte que hace pocos años apenas nadie practicaba en el país, pero que ahora es símbolo de estatus y también supone una buena escapada de la contaminada Pekín.

“En invierno, al llegar el viernes, tomo el coche y me vengo para aquí cada fin de semana”, cuenta el oficinista Xie Huarun, quien como casi todos trae su propio equipo, nada de alquileres, y está seguro de que China logrará los Juegos de 2022.

No será fácil, sobre todo porque los anteriores ya serán en Asia y el COI aplicará seguramente su regla no escrita de no repetir continente, pero Zhangjiakou sabe que por lo menos la candidatura le dará publicidad.

Otro reto es el de la nieve, que en la árida Zhangjiakou (cercana al desierto de Gobi) no es abundante, aunque la nieve artificial en Wanlong y Genting es hasta apreciada por los esquiadores chinos, por ser menos dura y adherirse mejor a los esquís.

La lejanía de Pekín (que los pequineses no ven como tal, por vivir en un país de grandes distancias) será resuelta hacia 2017 con un tren de alta velocidad que unirá a las dos candidatas en apenas media hora.

Todo para lograr para China otro hito deportivo, el de entrar en el exclusivo club de países que han acogido Juegos de Verano y de Invierno- sólo figuraban en él EEUU, Canadá, Francia, Alemania, Italia y Japón, acaba de incorporarse Rusia, y en 2018 lo hará la nación surcoreana.- Antonio Broto

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