Alcalde...¿homófobo?, campeona...¿lesbiana?

Alcalde…¿homófobo?, campeona…¿lesbiana?

Foto de archivo de Daniela Iraschko-Stolz

Foto de archivo de Daniela Iraschko-Stolz

SOCHI (EFE).- ¿Felicitaría el alcalde de Sochi a la primera campeona olímpica de la historia de saltos de trampolín esquí nórdico si resultase que ésta es…. lesbiana? Esta pregunta se la puede estar haciendo ahora mismo no poca gente.

Porque da la casualidad de que una de las candidatas a convertirse, mañana, martes en la primera mujer que gana un oro olímpico en saltos de trampolín es la austríaca Daniela Iraschko-Stolz, que hace medio año se casó con otra mujer.

Iraschko, campeona del mundo en 2011, en Oslo, y nacida hace 30 años en Eisenerz (Estiria), decidió hace un par de ellos hablar de forma pública y abierta de su condición de lesbiana. “A mí siempre me importó un rábano lo que los demás pensaran de mí”, sentenció, hace unos meses, en una entrevista con un diario de su país, Daniela, que tras su boda convirtió en compuesto su apellido. Ahora es Iraschko-Stolz. Stolz, en alemán, significa “orgullo”.

Daniela ha vencido en cinco pruebas de la Copa del Mundo (competición en la que fue segunda hace dos temporadas), entre ellas dos de las únicas tres que ha dejado de ganar este curso la joven japonesa Sara Takanashi, con diez triunfos y un liderato claro en esa competición, gran favorita, a priori, a capturar oro en Rusia.

Pero si Takanashi -de 17 años- falla, la austríaca estará al quite. Iraschko es tercera en la general de la Copa del Mundo. En las últimas cuatro pruebas presenta dos victorias, en Planica, Eslovenia, y dos segundos puestos, en Hinzenbach, Austria.

Y entre sus cinco victorias cuenta el ensayo olímpico de 2012- en Sochi. Donde ha brillado en los entrenamientos. De tal forma, si no a convertirse en la primera campeona olímpica de la historia de los saltos femeninos, la austríaca es clara candidata a subir al podio.

En unos Juegos en los que la cuestión de la homosexualidad se ha convertido en uno de los aspectos más polémicos, después de que muchos países occidentales hayan tachado de homófobas determinadas iniciativas del Kremlin, que merecieron el rechazo de numerosos líderes políticos internacionales, incluido el secretario general de la ONU, el surcoreano Ban Ki-Moon.

Vladimir Putin, el presidente ruso, ha reiterado varias veces que en su país no se persigue a nadie por practicar la homosexualidad. Y el alcalde de Sochi, Anatoli Pajomov, intentó diluir la polémica de forma peculiar, al decir que los homosexuales serían bienvenidos mientras no intentasen “imponer sus costumbres”, pero la avivó al afirmar también que en Sochi “no” los “hay”.

Iraschko-Stolz, que comenzó a saltar en 1995, debutó en Copa del Mundo en 2011 -tras ganar el título mundial- y pasó casi todo 2013 en blanco, debido a la rotura del ligamento cruzado anterior y el menisco de la rodilla izquierda, ha vuelto a recuperar la forma, superada esta lesión. Y habrá que contar con ella en Sochi.

Pero es por su orientación sexual por lo que en los pasados meses no paró de recibir peticiones de entrevistas de los medios rusos. Peticiones que rechazó.

“Hay pocos deportistas que hablan abiertamente acerca de su homosexualidad y aún permanecen en activo. Tengo la sensación de que ahora se busca y se necesita a alguien para ponerle ahí delante. Si fuese política, sería diferente. Tendría una responsabilidad. Pero a los Juegos Olímpicos voy como deportista. Iré a saltar. No voy a otra cosa”, explicó, el pasado mes de octubre, al diario “Kurier”.

“Cualquiera que me conozca sabe cuál es mi opinión acerca de esas leyes. No estoy de acuerdo con ellas. Pero yo no las voy a poder cambiar”, indicó Iraschko-Stolz, que a su vez desarrolló una curiosa teoría. “Es triste que con ellas se pierda la esencia del espíritu olímpico. Pero me parece igual de mal protestar ahora. O no concedo los Juegos a un país con esas leyes, o no puedo quejarme después, cuando ya han sido concedidos; y echarme a las barricadas”, añadió.

La austríaca nunca estuvo de acuerdo con la idea de boicotear los Juegos- “No sería justo. Esas leyes ya existían. Y no frenaron a los que les concedieron la organización de los Juegos. Rusia se esforzará por sacarlos adelante. Además, yo a los Juegos iré como deportista, no como persona privada. Lo único que quiero en Sochi es saltar. Y, en cualquier caso, a los deportistas nos han prohibido hacer manifestaciones políticas durante los mismos”.

“Y encima, no estoy en la posición de indignarme. Las saltadoras estaremos ahí por primera vez. Si ya hubiese ganado siete medallas de oro, todo sería distinto”, apuntó.

“Además, por esa regla de tres, jamás debieron haberse celebrado unos Juegos en China. Y a los rusos también hay que darles una oportunidad. A los homosexuales no los encierran, lo único es que se tienen que esconder un poco. No es agradable, pero es que al país le falta tiempo aún para que su sociedad lo asuma. Hace veinte años, en Austria tampoco era fácil para un deportista salir a hablar en público de estas cosas”, comentó Iraschko en la citada entrevista.

“Los países escandinavos de aquella nos sacaban dos decenios a nosotros. Y no por ello boicoteaban a Austria”, apuntó la saltadora, con un sorprendente y peculiar sentido de la ecuanimidad.

La de Iraschko, que también juega al fútbol -de portera, en el Wacker Innsbruck de la liga austríaca-, no fue la primera salida del armario de una deportista. Antes que ella lo hicieron, entre otras, las tenistas Martina Navratilova y Billie Jean King -múltiples ganadoras de Wimbledon-, las campeonas olímpicas noruegas de balonmano en Pekín’08 Gro Hammerseng y Katja Nyberg -que ya no son pareja-; y, después de retirarse, la séptuple campeona mundial sueca de esquí alpino Anja Paerson. Que se encuentra entre las que se manifestaron últimamente contra las leyes rusas.

Iraschko es respetuosa con el país anfitrión y con el alcalde Pajonov. Durante su estancia en Sochi no intentará “imponer sus costumbres”. Por eso, Isabel, con la que contrajo matrimonio en agosto, no está con ella en Rusia. Ahora sólo queda saber si, en caso de éxito, el edil ruso felicitaría a una campeona lesbiana.- Adrian R. Huber

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