La primera piedra del Mundial último modelo de Catar

EL CAIRO (EFE).- Un “barco” con capacidad para 40.000 personas, aire condicionado y parte de su energía renovable. No es una obra maestra de la ingeniería naval, sino el estadio Al Wakrah, el primero en construcción de los que albergarán el Mundial de fútbol de Catar 2022.

A 15 kilómetros de Doha se puso el pasado 28 de diciembre la primera piedra de esta “nave” con forma de barco, diseñada por la angloiraquí Zaha Hadid y cuyos trabajos está previsto que finalicen en 2018.

Cuatro años después se celebrará el mayor torneo futbolístico a nivel mundial, que aterriza por primera vez en Oriente Medio.

Las altas temperaturas en Catar durante los meses del verano boreal son una de las grandes preocupaciones de la FIFA, que duda si celebrar el campeonato en invierno.

Adelantándose a esta decisión, que se tomará después del Mundial de Brasil de este año, el Comité Supremo para la Entrega y el Legado, encargado de la construcción de los estadios, ha propuesto una innovadora y fresca alternativa.

Al Wakrah “incluirá aires acondicionados que mantendrán la temperatura en las gradas entre los 24 y 28 grados centígrados, y en los 26 en el campo”, informa a Efe un portavoz del comité que prefiere guardar el anonimato.

Ante los temores de los ecologistas sobre el gasto energético que esto podría ocasionar, la organización responde que “el 15% de la energía generada en el campo provendrá del propio estadio y será renovable”.

“Nuestro reto es que el torneo sea neutral en emisiones de dióxido de carbono”, afirma el portavoz.

Para alcanzar esa meta se están barajando varias posibilidades, y por ello -sostiene- se ha comenzado ya a acumular créditos de carbono, con los que se podrían neutralizar las emisiones previstas mediante reforestaciones y proyectos de eficiencia energética, entre otros.

De las 40.000 plazas que tendrá el estadio, 20.000 serán retiradas al final del torneo y donadas a otros países que necesiten infraestructuras deportivas, ya que estas “serán innecesarias para los campeonatos deportivos que suelen darse en Catar”, agrega el representante.

El campo estará rodeado, además, de un complejo que albergará un área deportiva y comercial, con 6.000 plazas de aparcamiento, un hotel de cuatro estrellas, una escuela internacional, miles de metros cuadrados para tiendas, un polideportivo cubierto, cuatro pistas de tenis y dos canchas de baloncesto.

En la construcción del estadio de Al Wakrah participan 79 trabajadores, la mayoría de ellos extranjeros, acomodados en un complejo de 49 habitaciones, con lavandería, televisión y conexión wifi, entre otros servicios.

Según el comité, los empleados disfrutan de “buenas condiciones” para el desempeño de su trabajo, pese a que Amnistía Internacional denunció en noviembre pasado abusos y explotación contra trabajadores inmigrantes de la construcción dentro de los preparativos del Mundial.

El Comité Supremo para la Entrega y el Legado, que comenzó las obras después de la publicación del informe de Amnistía, reconoce los abusos denunciados, aunque niega que eso ocurra con sus trabajadores.

“Las leyes son buenas pero falta aplicarlas, ya que muchas empresas no las cumplen. Nosotros solo tenemos control sobre nuestros proyectos”, dice el portavoz.

Añade que las condiciones de sus contratos, a las que ha tenido acceso Efe, exigen “la necesidad de tener una cuenta bancaria para que la nómina sea ingresada automáticamente, la prohibición de que compartan habitación más de cuatro trabajadores juntos y unas buenas condiciones sanitarias”, entre otros aspectos.

El estadio de Al Wakrah es el primero de los cinco que estarán en construcción a finales de año. El número definitivo de campos variará entre ocho y doce, dependiendo de la decisión final de la FIFA, que “parece que estará más cerca de ocho o nueve”, asegura el representante del comité.

Según esos números, entre cuatro y cinco mil millones de dólares costará este enorme proyecto último modelo, que multiplicará la oferta deportiva de un país de poco más de dos millones de habitantes.- Edu Marín

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