La indiscreción de Piqué y el adiós de Cesc

 

Francisco Ávila

El defensa español Gerard Piqué (d) y el centrocampista Juan Mata (i) participan en una rueda de prensa ofrecida por la selección española en Washington, DC

El defensa español Gerard Piqué (d) y el centrocampista Juan Mata (i) participan en una rueda de prensa ofrecida por la selección española en Washington, DC

BARCELONA (EFE).- Una indiscreción de Gerard Piqué ha destapado un secreto a voces, la marcha de Cesc Fàbregas del Barça después de tres años como azulgrana en los que ha mantenido una relación de amor-odio con algunos sectores de la afición.

Piqué sorprendió ayer al seleccionador Vicente del Bosque al afirmar antes de una rueda de prensa en Washington que la salida de Cesc ya estaba cerrada.

No contaba el central con que el micrófono estaba abierto y captó la conversación- “Me ha dicho que ya está hecho. Se va, 33 millones me ha dicho”, le comenta el central al técnico.

A Cesc Fàbregas lo repescó el Barça hace tres temporadas. Él formó parte del mejor cadete de la historia del club, donde triunfó junto con Leo Messi y Gerard Piqué, pero cumplidos los dieciséis, en 2003, aceptó una oferta del Arsenal inglés.

En Inglaterra se formó al abrigo de un club con solera, entrenado por Arséne Wenger, y para repescarlo el Barça tuvo que pagar 35 millones de euros.

Muchos no le perdonaron que el club catalán tuviera que hacer frente a esa cantidad de dinero cuando el jugador se había criado en La Masia, otros esa discontinuidad en su juego, y los entrenadores tampoco le encontraron la posición en el campo.

De poco le han valido sus estadísticas, los 42 goles y 45 asistencias que ha firmado en estos tres años, ni que en la última temporada consiguiera 13 dianas y regalara 16 pases de gol.

El nivel de exigencia a Cesc es otro, su rasero es diferente. El problema de Cesc Fàbregas es su posición en el campo. Es un jugador letal en el último pase, un tipo determinante en el área, pero en can Barça esa zona está reservada para Leo Messi y, o se cambiaba el sistema o Cesc podía lucir menos.

Lo intentó en algunas ocasiones y con éxito Pep Guardiola en la primera temporada. Muchos aún recuerdan aquel recital del Barça ante el Santos en la final del Mundial de Clubes (4-0) en la que los azulgrana jugaron con tres defensas y siete todocampistas.

En esa situación, se vio la mejor versión de Cesc, pero cuando el partido no estaba tan dominado y se precisaba de otro dibujo, siempre había problemas para encajar en el sistema.

A pesar de su indudable ADN Barça, Cesc no es como Xavi Hernández ni como Andrés Iniesta, dos geniales futbolistas con los que la afición ha tenido mucha más paciencia que con el futbolista de Arenys.

Tampoco Tito Vilanova le encontró acomodo en el equipo ni el ‘Tata’ Martino. La llegada del nuevo entrenador, Luis Enrique, al Barcelona podría abrirle un nuevo panorama para Cesc, pero parece que lo que le abrirá serán las puertas del Camp Nou para irse.

Desde el club se insiste en que es el jugador es el que busca la salida y Cesc desde hace unos días ha encontrado la salida. En Inglaterra es un jugador respetado y tiene un gran cartel, por eso allí empezaron las negociaciones con diferentes equipos.

Su objetivo era regresar al Arsenal y a Londres, pero Wenger ya tenía cerrado su equipo. Así que no existían muchas más opciones. El Chelsea parece ser su destino final, en Inglaterra se especula incluso con que ya ha pasado hasta el reconocimiento médico.

El Barça necesita caja para iniciar un nuevo proyecto y pretende recuperar, al menos, la inversión realizada en su día. La operación se ha filtrado y aún cuando la lógica aconsejaría a la finalización del Mundial, la suerte de Cesc ya está echada.

En cuanto se confirme la operación, el Barcelona tendrá que reaccionar rápidamente. En los dos últimos veranos se habrá quedado sin Thiago Alcántara y sin él, dos de los jugadores que garantizaban la continuidad de un estilo.

Xavi Hernández, con 34 años, apura sus últimas temporadas; y más allá de Sergio Busquets y de Andrés Iniesta, a los azulgrana no les quedan más argumentos con la misma fórmula. Será un verano largo.

 




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