Guardiola frente a Klopp o el contraste de dos estilos

 

Rodrigo Zuleta

BERLÍN (EFE).- La final de la Copa de Alemania entre el Borussia Dortmund y el Bayern Múnich de mañana es también el contraste entre dos entrenadores que representan estilos diferentes dentro y fuera de la cancha.

El contraste no sólo se da en lo relativo a la lucha de dos sistemas -el fútbol directo, representado por Klopp, y el fútbol basado en la posesión de pelota encarnado por Guardiola- sino también en otras cosas que van desde la manera de vestir hasta la forma como se relacionan con la prensa.

De un lado está Klopp, vestido casi siempre de chándal en la línea y siempre en plan de broma o de camorra cuando se confronta con la prensa -que pase lo que pase suele rendirse a sus pies- y con una retórica y una expresión corporal desbordada de energía.

Del otro Guardiola, casi siempre impecablemente vestido y en sus comparecencia normalmente cortés pero distante, con un rostro algo meditativo y a veces un tanto melancólico.

Verlos a los dos juntos, como hoy en la conferencia de prensa previa a la final de la Copa de Alemania, sin duda aumenta el contraste aunque hoy, por razones accidentales, los dos parecían haberse puesto de acuerdo para vestirse como el otro.

Klopp, que llegó al Estadio Olímpico de Berlín directamente desde el aeropuerto por un retraso del vuelo del Dortmund, estaba con saco y corbata. Guardiola, ya preparado para el entrenamiento de su equipo, con ropas deportivas. Pero bastó que los dos empezaran a hablar para que otras vez las identidades quedaran repartidas.

Alguien quiso saber lo que pensaba el uno del otro.

“Creo que todavía no han repartido la revista de la Federación Alemana de Fútbol. Ahí lo dijimos todo al respecto”, dijo Klopp con un ejemplar en la mano.

“Yo he seguido la carrera de Pep desde antes que el siguiera la mía, me parece un entrenador sensacional y yo a él también le parezco maravilloso”, respondió Klopp arrancando una carcajada general, a la que también se sumó Guardiola con cierta discreción.

De un lado está el entrenador extrovertido, Klopp, que entrena un equipo de tradición obrera. Del otro Guardiola, un poco un entrenador para intelectuales que está al frente del Bayern, un club que surgió de los rincones bohemios del barrio muniqués de Schwabing.

De Guardiola, por su propia trayectoria y por la trayectoria del Bayern, se esperan títulos.

“Si no ganamos mañana muchos verán la temporada como una catástrofe”, aceptó el entrenador para luego decir que su opinión era otra y que haber ganando la Bundesliga -o el Calcio o la Premiere- ya significaba un éxito.

“Si Pep, no le hagas caso a los demás, ser campeón alemán es suficiente”, dijo al cabo de un rato Klopp, en tono de sorna, como si se estuviera reservado para él y el Dortmund la final de la Copa por la que el otro no debería preocuparse.

Para los dos, estar en la final tienen significados distintos. “Llegar a esta final es lo máximo que podemos lograr, llegar a la final de la Liga de Campeones, aunque lo hayamos logrado en la temporada pasada, es algo que normalmente queda lejos”, dijo Klopp.

Guardiola, en cambio, llega a la final con el sin sabor de haberse quedado por fuera de la Liga de Campeones en semifinales.

Defender el triple ya no es posible. Defender el doblete, que no suene a tanto, es algo que hasta ahora ha logrado sólo el Bayern y sólo dos veces en su historia. La última vez fue en 2006 y esa vez fue también la última vez que un equipo ganó dos temporadas seguidas la Copa de Alemania.

Guardiola todavía no la ha gando, Klopp si.

“Tiene una ventaja sobre la ensaladera (el trofeo de la Bundesliga), se puede llenar de líquido”, le explicó Klopp a Guardiola después de que este dijese que el trofeo le parecía muy bonito.

Los dos entrenadores son invitados a dar pronósticos.

“Yo digo que ganará el Bayern y Jürgen dirá que ganará el Dortmund. Es normal”, dijo Guardiola.

“Sólo una cosa es clara. No vamos a quedar empatados”, agregó Klopp.




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