Si Carlos Torre lo hubiera visto

Inolvidable anécdota sobre un genio del ajedrez en vísperas de su muerte

1 / 3


El director del Instituto Municipal del Deporte, C.P. Jesús Aguilar y Aguilar, y "Flussito" posan con quien se coronaría invicta en el I Torneo Municipal de Ajedrez Femenil, Lilia Ivonne Fuentes Godoy
Aspecto de la competencia femenil en Plaza Diamante
Con su nieto en brazos, Francis Altamirano Rojo recibe de manos de "Flussito" su premio como la Mejor Senior


Por JORGE ALBERTO BALAM DÍAZ

A unas pocas horas de su muerte, acaecida en un día como hoy (19 de marzo de 1978), el Gran Maestro Carlos Torre Repetto hizo gestiones claves para apoyar el ajedrez femenil en Yucatán. Por algo jugaron en su honor las alrededor de 50 participantes en el I Torneo Municipal de Ajedrez Femenil, el pasado domingo 9 en Plaza Diamante.

La noche anterior al día de su partida en autobús a la ciudad de México, un grupo de jóvenes estudiantes se dedicó a gestionar apoyo económico en dependencias del gobierno a fin de completar el costo de su pasaje. El más grande ajedrecista mexicano de la historia decidió acompañarlos a sabiendas de que su sola presencia era garantía de que tuvieran éxito.

En la inauguración de la competencia del día 9, en el marco del Día Internacional de la Mujer, el director del Instituto Municipal del Deporte (IMD), C.P. Jesús Aguilar y Aguilar, dio a conocer la anécdota y subrayó que el motivo principal de que Torre se decidiera a acompañar a los estudiantes era que dos jovencitas universitarias se habían ganado el derecho de asistir al Nacional Abierto.

No era para menos. En esas fechas era casi insólito que una mujer se ganara un lugar en la delegación estatal. Nunca antes había mandado Yucatán a una femenil al Nacional Abierto y en esa Semana Santa eran dos locales las que irían: Lízbeth King Park y Gladys Brito Valle, estudiantes ambas de la Facultad de Ingeniería.

Si Carlos Torre hubiera visto el alud de niñas y jovencitas que el domingo 9 batallaron sobre el tablero, habría tenido la certeza de que valió la pena aquella andanza nocturna que incluyó, entre otros, el Palacio de Gobierno, el Palacio Municipal y el despacho de su amigo y ajedrecista de “hueso colorado” Vicente Solís Aznar, en los altos de lo que era “El Louvre”.

En este lugar, al hablar ante don Vicente en nombre de los muchachos, Torre se adelantó y dio el ejemplo: puso sobre el escritorio un billete de 50 pesos. No lo que le sobraba, sino todo lo que tenía. Su ejemplo arrastró y la muchachada completó lo que le faltaba para ir a medir fuerzas con los combatientes del tablero de toda la República.

En el viaje, inolvidable de por sí, estuvieron cuatro jugadores (no todos tuvieron necesidad de gestionar apoyo) que antes o después se ciñeron la corona estatal del juego ciencia: Carlos Manzur Simón (q.e.p.d.), José Enrique Alayola Montañez, 12 veces monarca yucateco, Jorge Alberto Balam Díaz y Daniel Ángel Mena Briceño, el decano de los entrenadores del patio.

Al día siguiente de andar con Carlos Torre, los jugadores partieron para el Altiplano y al llegar al hotel sede del evento les dieron el pésame por el deceso de “El Grande”, como lo conocían muchos en su tiempo.

Al unísono, el grupo respondió que era falsa la versión, que el genio yucateco, a quien el inmortal Alekhine le había augurado en 1925 el trono mundial, gozaba de cabal salud y lo acababan de dejar en la ex Ciudad Blanca.

Ante la insistencia de los portadores de la infausta nueva, se ensombreció el gesto de la delegación peninsular. Como dardos en el pecho, llovieron los pormenores: “Fue un ataque cardiaco, en el Asilo Celaráin…”

Esa misma tarde, en la inauguración del Campeonato Nacional Abierto de Ajedrez, se guardó un minuto de silencio en memoria de Carlos Torre Repetto. Todos los yucatecos y muchos ajedrecistas de otros estados jugaron en honor de Torre, igual que el domingo 9 lo hicieron las femeniles en Mérida.

Por eso causó mayor satisfacción ver a una sexagenaria progreseña, Estela Candelaria Ureña Chío, combatiendo con tanta o más energía que las numerosas chiquillas que jugaron ese día o ver a doña Francis Altamirano Rojo pasar con su nieto en brazos a buscar su premio como la mejor exponente de la categoría Senior.

Tras la entrega de premios establecidos para las mejores, hubo toda una fiesta aparte, pues se realizó un sorteo de material ajedrecístico y algunas prendas de plata ley (pulsera, dije y anillo), aparte de bisutería fina. Hubo premios para el medio centenar de amazonas del tablero. El chiste fue ver qué se sacaban.

Antes de que comenzaran las batallas, el C.P. Aguilar y Aguilar demostró visión y pidió que le tomaran la foto junto con quien a la postre sería la campeona invicta: Lilia Ivonne Fuentes Godoy, quien hace tres días, en Campeche, también se coronó sin apelaciones en la fase regional de la Olimpíada Nacional de Ajedrez. “Flussito” se unió a esa gráfica premonitoria.

Si Carlos Torre lo hubiera visto…

Etiquetas: