Chemax, un milagroso campeón

A un straic de caer, gana y se corona en la Motuleña

Si le cuentan a alguien que no fue, difícilmente lo creería.

Pero ocurrió. Porque en verdad ocurrió.

En un desenlace memorable, para muchos verdaderamente increíble, los Bravos de Chemax lograron una victoria épica sobre los Bombarderos de Izamal, 8-7, para proclamarse campeones de la Liga Motuleña de Primera Fuerza de Béisbol, cuando estuvieron a un straic de ser víctimas del equipo de la Ciudad de los Cerros.

Buena batalla, con pitcheo de alto nivel por ambos lados, batazos de largo alcance, un lleno en el campo “José González Beytia” de Motul (sede neutral), lluvia que originó suspensión, controversia. Y enorme drama, especialmente con un straic de vida en el partido. La lluvia cayó justo cuando Christian Contreras tenía en cuenta de 2-2 a Eric Rivero, con el marcador 7-5, dos outes y la carrera del empate en la inicial. El aguacero dejó en malas condiciones el terreno de juego, pero de inmediato se movió el alto mando de la Liga para conseguir polvo de piedra, mientras aficionados, especialmente izamaleños, hacían lo imposible por sacar el agua y secar el campo, con sus playeras, gorras y otros objetos. Cuando llegó la tierra, los chemaítas no querían salir al diamante y los izamaleños sí. Era lógica la consecuencia: unos a un straic de coronarse, otros a un straic de morir.

Finalmente, entre presiones y más tensión, el juego se reaundó. Pero Contreras no regresó a la loma. Fue relevado por Eric Poot, quizá aplicando la estrategia de “zurdo contra zurdo”.

Poot pasó la tercera mala a Rivero, quien bateó un foul a la siguiente pitcheada. Y, en la próxima, lo increíble: Rivero apenas blandió la majagua para sacar una línea hacia el central, con suficiente fuerza para superar la barda. Locura en un lado, sufrimiento en el otro.

Luego, Poot toleró un sencillo y firmó un pasaporte. Un out y entradas extra. Ahora era Izamal el que luchaba por mantenerse con vida.

Así, llegó el turno de Daniel Alcocer, quien ya tenía dos ponches en la tarde. El grito clásico de “chócala nada más” pareció ser escuchado: Daniel conectó un podrido detrás de la inicial y el corredor más adelantado llegó a la goma antes que el tiro del patrullero, desatando una locura aún más impresionante que las anteriores.

Los Bombarderos se quedaron en el terreno, otra vez derrotados en una final (la anterior la perdieron ante Progreso). Y los Bravos celebraron la obtención de un triunfo y un título que ni el más crédulo se hubiera aventurado a esperar en una tarde lluviosa, de buen béisbol.La grandeza de este deporte disfrutada al máximo por los aficionados de muchos rincones de Yucatán. Entre el jolgorio de los monarcas y la frustración de los batalladores, pero eternos “ya merito”, las frases de aficionados surgieron: “¡Qué lindo es el béisbol!”, “esto no se acaba hasta que se acaba”, “las grandes tragedias se escriben con dos outes” o “yo lo vi, nadie me lo contó”. Sencillamente: increíble.- Gaspar Silveira Malaver




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