Boxeador asesinado, velado de pie y sobre un ring

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Vestido como si fuera a participar en un combate y colocado de pie en la esquina de un ring, el cuerpo de un joven boxeador es velado hoy por familiares y amigos, de acuerdo a una excéntrica y cada vez más popular costumbre en Puerto Rico de mostrar a los “muertos paraos".
Vestido como si fuera a participar en un combate y colocado de pie en la esquina de un ring, el cuerpo de un joven boxeador es velado hoy por familiares y amigos, de acuerdo a una excéntrica y cada vez más popular costumbre en Puerto Rico de mostrar a los “muertos paraos".
Vestido como si fuera a participar en un combate y colocado de pie en la esquina de un ring, el cuerpo de un joven boxeador es velado hoy por familiares y amigos, de acuerdo a una excéntrica y cada vez más popular costumbre en Puerto Rico de mostrar a los “muertos paraos".
Vestido como si fuera a participar en un combate y colocado de pie en la esquina de un ring, el cuerpo de un joven boxeador es velado hoy por familiares y amigos, de acuerdo a una excéntrica y cada vez más popular costumbre en Puerto Rico de mostrar a los “muertos paraos".
Vestido como si fuera a participar en un combate y colocado de pie en la esquina de un ring, el cuerpo de un joven boxeador es velado hoy por familiares y amigos, de acuerdo a una excéntrica y cada vez más popular costumbre en Puerto Rico de mostrar a los “muertos paraos".


SAN JUAN, Puerto Rico (AP y EFE).- Con sus guantes de pelea de color azul, botines, bata de boxeo y lentes oscuros, el cuerpo del asesinado pugilista puertorriqueño Christopher Rivera Amaro fue velado el viernes, de pie, en un escenario con forma de cuadrilátero.

“Él quería que lo velaran así”, explicó este viernes a Efe Lilia Amaro, tía del fenecido púgil Christopher “Perrito” Rivera. Añadió que con esta llamativa puesta en escena “estamos realizando el sueño que él pidió”, porque “el boxeo fue el sueño” de este joven de 23 años que murió asesinado en San Juan el pasado 26 de enero. “Desde pequeño siempre se ponía los guantes con su hermano y decía que iba a ser un gran campeón”.

“Humilde, carismático, charlatán, tremenda persona, bien servicial, tremendo padre y esposo”, describía hoy la viuda del boxeador, Lidyanet Carmona, en declaraciones a Efe a quien fuera su compañero durante siete años y que también trabajaba de barbero en el citado residencial público.

La mujer destacó igualmente “la forma de ser, originalidad, forma de expresarse y, más que nada, humildad” de un hombre que murió a los 23 años el pasado domingo en una céntrica zona de San Juan. La Policía aún investiga su asesinato.

“Para mí no hay nada raro en eso”, dijo por teléfono Elsie Rodríguez, vicepresidenta de la funeraria Marín, que organizó el velatorio temático realizado en el centro comunal del residencial público donde Rivera Amaro se crió en San Juan, Puerto Rico.

El cadáver del boxeador de 23 años permaneció poco menos de 24 horas de pie en una esquina del cuadrilátero de color rojo con cadenas blancas, que simulaban las cuerdas del ring, en cuyo centro se ubicaba encendida una única vela.

Detrás del cuerpo del púgil, cortinas blancas y rojas rememoraban las barras de la bandera puertorriqueña. Los asistentes al funeral ofrecían sus respetos a Rivera Amaro desde abajo del ring. 

Rodríguez explicó que Rivera Amaro había pedido a sus familiares que, en caso de morir, en su funeral se hiciera referencia a su carrera pugilista, en la que participó en peleas internacionales en la categoría de 130 libras. Tuvo marca de cinco victorias, 15 derrotas y un empate.

“La familia nos pidió hacer referencia al boxeo y nosotros sugerimos todos los detalles, como el ring”, indicó Rodríguez, cuya funeraria ya ha realizado desde 2008 cinco funerales temáticos o no convencionales. “Recrear el ring nos llevó varias horas, pero todo los demás es normal”, aseguró Rodríguez, aunque reconoció que embalsamar el cuerpo para que permanezca de pie requiere un poco más de tiempo del acostumbrado. El velorio del pugilista, asesinado la madrugada del 26 de enero, es el quinto funeral temático que realiza la funeraria. 

 

“Muertos paraos” 

Este particular modo de exponer el cadáver de una persona no es tan extraño en Puerto Rico, donde de vez en cuando los muertos son expuestos al público fuera de sus ataúdes, recreando una escena que puede evocar los principales hobbies del fallecido o incluso las circunstancias en las que murió.

Estos peculiares velatorios, a los que los puertorriqueños se refieren con el gráfico nombre de “muertos paraos” (de pie), ganaron popularidad a raíz del organizado en 2008 en memoria de Ángel Luis “Pedrito” Pantojas, un joven que fue asesinado de once disparos.

En su velatorio se colocó el cuerpo de pie, rodeado de flores, y vestido con la ropa favorita de este joven de 24 años que creció en un barrio marginal donde los asesinatos de menores de treinta años, generalmente relacionados con cuestiones de drogas, son frecuentes.

A este caso le siguió el de David Morales, asesinado a los 22 años y conocido en la isla como “el muerto en motora” porque su cuerpo fue velado sobre la moto de gran cilindrada que conducía.

También fueron casos llamativos el de un hombre que fue embalsamado y mostrado sobre una de las ambulancias que poseía como propietario de una empresa, o el de otro que fue mostrado vestido e imitando al “Che” Guevara, al que el fallecido admiraba.

La mayoría de estos velatorios son llevados a cabo por la Funeraria Marín en San Juan, administrado por Moi Marín.

“Este tipo de velatorio es más seguro que el de un ataúd porque en los de ataúd, todo el mundo se pega, lo tocan y lo besan y es más seguro a diferencia de estos”, aseguró hoy Marín, mientras familiares y amigos se fotografiaban junto al cuerpo del muerto.

Marín explicó que esto tipo de embalsamamiento tarda alrededor de ocho horas, a diferencia de uno común que toma cerca de dos. Las autoridades de la isla trataron en su día de prohibir estos espectáculos, que incluso se llegaron a ver entre la numerosa población puertorriqueña que vive en el EEUU continental.

El Departamento de Salud de Puerto Rico no pudo prohibirlo porque no encontró la vía legal para impedir que las funerarias realicen velatorios que se salgan de lo convencional, exigiendo que el cadáver esté colocado de forma horizontal o dentro del ataúd.

 

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