Monseñor Manuel Vargas dice que los 60 años de su ministerio son en parte gracias a la Virgen María

Ser santo, su deseo

“Ser buen sacerdote y santo” es la petición a Dios que monseñor Manuel Vargas Góngora tiene ante la celebración de sus 60 años de ordenación presbiteral.

El sacerdote, rector de la iglesia de Santa Lucía desde hace cuatro años, indica que gracias a la Virgen María se ha mantenido firme en su ministerio durante todo este tiempo.

“Lo llevo (el ministerio) en la sangre”, comparte el presbítero, quien tiene dos hermanos sacerdotes, tuvo dos tíos y un tío abuelo que también fueron curas.

Monseñor Vargas Góngora fue ordenado por el arzobispo Fernando Ruiz Solórzano el 21 de diciembre de 1958, en la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe de San Cristóbal.

Con motivo de su aniversario, este viernes, dará gracias a Dios con misas a las 11 horas (en la parroquia de San Cristóbal) y a las 19 (en la iglesia de Santa Lucía).

Su mayor satisfacción

Para Manuel Vargas, una de sus mayores satisfacciones como sacerdote ha sido “construir iglesias, porque se levanta la fe de la gente y se hace un servicio a la comunidad. En resumen, nos ayuda espiritual y materialmente”.

Tanta es su satisfacción que recuerda, como si hubiera sido ayer, el proceso de construcción de la parroquia de San Francisco de Asís, de la 60 Sur, en la que sirvió como párroco durante 18 años.

Relata que ahí trabajó como peón de albañil. Después de 3 o 4 horas de trabajo se sentaban a comer relleno negro, portaje o puchero, con tortillas que se hacían en el momento

“La gente ayudó muchísimo”, recuerda el sacerdote, quien también trabajó en la construcción de las capillas Nuestra Señora de la Salud (de la Unidad Morelos), San Jerónimo (Vicente Solís), San José (calle 38 con 75, del Centro), la Santísima Trinidad (Castilla Cámara), entre otros.

Una vocación

Pero fue en la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe que vivió el crecimiento de la fiesta en honor a la Madre de Dios.

Cuando llegó a la parroquia inició con nueve peregrinaciones y después de 35 años ya atendía 250 agrupaciones de peregrinos y a 35,000 antorchistas.

El sacerdote recuerda que su madre le contó que cuando él nació lo ofreció a Dios, de ahí su nombre Manuel, que es “Dios con nosotros”.

No obstante, admite que a mitad de sus estudios en el Seminario pensó en dejar la formación para estudiar una licenciatura, ya que era dura la disciplina, pero al final, “el llamado de Dios fue más fuerte”. Y desde entonces ha vivido muchos momentos, más buenos que malos, con la alegría de servir y acercar a la gente a Dios.

Su historia

En la víspera de celebrar su 60o. aniversario de consagración a Dios, lo que más le pide “es llegar a ser santo y un buen sacerdote”.

Monseñor Vargas Góngora sirvió en la parroquia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro de Itzimná; en San Francisco de Asís, Nuestra Señora de Guadalupe, y ahora lo hace como rector de Santa Lucía y canónigo de la Catedral de Mérida.

Manuel Vargas es hijo del matrimonio que formaron José Vargas Osorio y Amelia Góngora Alvarado. Sus hermanos son los sacerdotes Heriberto y Angel; Socorro, José, Antonio e Imelda, los dos últimos ya fallecidos.— Claudia Sierra Medina