Jugadores y cuerpo técnico tanto de Cruz Azul como de América han repetido que la final de 2013 no tiene nada que ver con la de ahora.
Y es cierto en el punto más estricto, pero no se puede negar que sigue teniendo una carga muy polarizada en ambos bandos; una negativa para los cementeros y otra positiva para los azulcremas.
Ese partido fue muy extraño. Desvíos, una expulsión tempranera, resbalones y un compendio de calamidades celestes que le dieron la corona al americanismo que desde entonces tiene ese triunfo como bandera. Ambos son grandes. Ambos mueren de ganas de que el partido empiece. Las dos aficiones preparan sus mejores burlas por si se llegan a coronar. Así es el fútbol.
Lo que es cierto es que a la final llegaron los dos mejores de la temporada, cada uno con sus armas y virtudes.
Pedro Caixinha y su poderosa capacidad defensiva y Miguel Herrera, que cuando se decide a soltar a sus Águilas éstas son un vendaval.
Alvarado Vs. Lainez, Corona Vs. Marchesín, Aguilar Vs. Valdez, Rodríguez Vs. Marcone… ingredientes hay para que sea otra final épica. Que así sea.— MIGUEL CALDERÓN LÓPEZ
