Jóvenes de Akil dan muestras de su fe sin límites

Si solo viajar de Mérida a Ciudad de México en bicicleta se oye titánico, hacerlo de Akil a la Basílica de Guadalupe, cargando además una imagen de 25 kilos, es una empresa monumental.

Esa es precisamente la empresa que se aventaron sobre los hombros siete amigos de Akil, cada uno con una promesa personal y el santo de su devoción a la espalda, en una aventura que emprendieron a principios de noviembre pasado.

En la Casa del Peregrino de Ciudad de México se les unieron otros dos viajeros yucatecos, quienes también en bicicleta habían acudido a San Juan de los Lagos, Jalisco.

Juntos los nueve retornaron a tierras yucatecas, pero antes de regresar a casa, pasaron a saludar a la Virgen de Guadalupe al barrio de San Cristóbal.

“¿Qué se siente? Es algo inexplicable, después de haber recorrido más de mil kilómetros y pasar 16 días en carretera, de pronto llegas a la Basílica de Guadalupe y el solo estar allá es un sentimiento que no se explica con palabras”, narró David Bárcenas Gómez, antorchista de 22 años oriundo de Akil.

“Nos salieron lágrimas, sonrisas de emoción, gritos de felicidad por haber llegado, porque la verdad es que sí se sufre, se sufre hambre, sed, angustia, desesperación, volver tramos largos o no llegar a un pueblo”, describe el peregrino.

Entrevistado por Diario de Yucatán mientras se preparaban para su partida, el antorchista dijo que este recorrido lo hizo por su familia, porque todos tienen salud y les va bien en la vida, aunque dijo que de su gente es el único que cree en la virgen de Guadalupe.

“Desde que corro por la Virgen me siento bien conmigo, me siento feliz, orgulloso de mí mismo y aunque a mi mamá y a mi familia no les agrade mi religión, es mi fe y es grande como esta Virgen que traigo y que es para mi abuelito, se la voy a regalar para su rancho, y un niño Dios para mi abuelita, pesan como 25 kilos, con eso en las espaldas manejamos la bicicleta”, dijo el joven.

Comentó que por las carreteras de Yucatán recorren unos 100 kilómetros diarios, pero ya en Puebla y Veracruz, 60, 50 kilómetros al día y lo más difícil de todo fue el ascenso a las cumbres.

Jimmy Noé Gómez Cab, fue otro de estos antorchistas que salieron el 2 de noviembre de Akil, llegaron el 18 a México, se quedaron dos días, salieron el 20 y ayer llegaron a Mérida, para partir tras visitar a la Guadalupana en San Cristobal a Acanceh y de ahí a su pueblo.

“Es primera vez que voy a la promesa de la Basílica, pero hay algunos compañeros que llevan varios años, ir a México, para mí fue un esfuerzo, pero también una forma de dar gracias a Dios por cada día que nos regala y es una promesa, que vale la pena por todo lo recibido, el esfuerzo, el cansancio, todo lo haces para Dios”.

Jimmy recuerda que mucho tiempo estuvo en el mundo de las drogas y logró salir, fue entonces que como agradecimiento y en busca de hacer algo positivo decidió hacer el peregrinaje a la Basílica de Guadalupe.

“Todo el camino es reflexión contigo mismo, el esfuerzo te hace reflexionar y pensar, analizar tus problemas, en qué estás bien o mal, darte cuenta de los errores que has tenido, ese es el lapso de tiempo de análisis que pasa uno y cuando regresas te das cuenta de que piensas diferente.

Los antorchistas yucatecos recorrieron alrededor de 2,400 kilómetros ida y vuelta, les tocó, dicen, un poco de todo frío, sol intenso y lluvias, la meta diaria era llegar a alguna población a dormir, en algunas los trataron muy bien, peo en otras la población tenía otras creencias y había que respetarlas. Vieron muchos accidentes durante su recorrido, pero agradecen a Dios que a ellos no les pasó nada. Entre las imágenes que cargaban estaban la Virgen, el Niño Doctor, San Judas, “cada quien con su creencia”, dijo Jimmy.— Luis Iván Alpuche Escalante

 

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