Mirada antropológica
Rodrigo Llanes Salazar (*)
Hoy cumple setenta años la Declaración Universal de Derechos Humanos. Este documento, considerado uno de los más importantes de la historia de la humanidad, fue adoptado por la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948, es decir, tres años después de finalizada la Segunda Guerra Mundial.
La conmemoración de los aniversarios de la Declaración han motivado repasos históricos sobre el contexto y el proceso por el que se elaboró el texto. Sobre todo, ha inspirado reflexiones sobre lo que se ha ganado —o perdido— para hacer realidad las aspiraciones plasmadas en el preámbulo y en los treinta artículos que componen el documento. También ha dado pie a pensar en cuáles son los derechos que deberíamos declarar en la actualidad para poder vivir una vida digna.
Así, el pasado 8 de diciembre, el periódico británico “The Guardian” publicó un dossier titulado “Derechos humanos para el siglo XXI”, en el que destacadas analistas, entre ellas la escritora Margaret Atwood, postulan una serie de derechos necesarios para cumplir con las aspiraciones de libertad, justicia y paz anheladas en la Declaración: el derecho de las mujeres —y de todos los seres humanos— a ser personas y no “cosas”; el derecho a vivir en un planeta habitable y que los seres humanos estemos protegidos de las fuerzas que dañan los sistemas de la Tierra; el derecho de vivir libres de las culpas y humillaciones provocadas por no ser los mejores o no hacer mucho dinero; el derecho a entender, especialmente en un mundo lleno de fuerzas y tecnologías oscuras que producen miedo, apatía e ira; el derecho a vivir libres de discriminación; el derecho a no trabajar y reconocer el descanso como algo positivo, un bien en sí mismo y no solo como una ausencia de trabajo; el derecho de definirnos a nosotros mismos y no ser definidos forzadamente por el estado o por nociones binarias de género; así como el derecho a una vida “offline”, sobre todo en un mundo en el que las redes sociales y las pantallas nos vigilan constantemente y también nos generan ansiedad y depresión.
A setenta años de la adopción de la Declaración Universal aún nos encontramos lejos de cumplir plenamente con todas las aspiraciones plasmadas en ese texto. Muchas voces proclaman que, de hecho, vivimos tiempos muy oscuros, marcados por el genocidio de los rohinyá en Birmania, por los conflictos armados en Siria, por las crisis de refugiados y migrantes, por las cada vez más alarmantes y palpables amenazas del cambio climático —que ya no es una amenaza del futuro, sino del presente—, por el ascenso de nacionalismos, discursos de odio y de gobiernos autoritarios y de ultraderecha que se pronuncian en contra de los derechos humanos, por la violencia contra periodistas y defensores de derechos. Tristemente, la lista puede continuar.
Comprometidos
En este contexto, un conjunto de personas comprometidas con la causa de los derechos humanos hemos preparado el documento “28/70. 28 reflexiones desde Yucatán a 70 años de la Declaración Universal de Derechos Humanos”.
En él, Alex Orué, Ana Baquedano, Ángeles Cruz, Antonio Salgado, Carlos Escoffié, Enrique Gallegos, Esteban Krotz, Eugenia Iturriaga, Gabriela Torres-Mazuera, Jorge Fernández Mendiburu, Juan Pablo Galicia, Katia Rejón, Lourdes Medina, Nancy Walker, Olga Moguel, Pablo Monroy, Patricia McCarthy, Raúl Lugo, Regina Carrillo, Romina España, Sergio Aguilar y quien esto escribe comentamos el Preámbulo y los artículos de la Declaración, ya sea a partir de los aprendizajes obtenidos en la experiencia de defensa de derechos humanos, de la reflexión sobre los desafíos actuales para el cumplimiento de los derechos reconocidos en la Declaración, de casos emblemáticos o de datos que ilustran las violaciones de derechos humanos en Yucatán.
El documento también cuenta con agudos cartones de Tony Peraza así como de magníficas fotografías de Robin Canul.
En términos generales, coincidimos en la importancia de la Declaración Universal como una hoja de ruta para la defensa de los derechos humanos en la actualidad, así como en la persistencia de las violaciones a los derechos denunciadas en el texto. Asimismo, los comentarios ponen en entredicho la idea de que, a diferencia del resto de México, Yucatán no presenta problemas de derechos humanos. Es verdad que en nuestro estado no registramos la horrorífica cantidad de asesinatos y desapariciones forzadas que se viven en otras regiones del país. Pero también es cierto que la libertad e igualdad “en dignidad y derechos” sigue siendo una aspiración incumplida para miles de mujeres, homosexuales, mayas, migrantes o personas con capacidades diferentes; que miles de yucatecas y yucatecos sufren de explotación laboral; que la tortura y las detenciones arbitrarias son prácticas cotidianas y generalizadas en el estado; que el acceso a la justicia y el debido proceso legal, así como la participación en la vida cultural, siguen siendo quimeras para la mayoría de la población.
Transformación
Sobre todo esto comentan Esteban Krotz, Nancy Walker, Jorge Fernández, Ángeles Cruz, Eugenia Iturriaga, Carlos Escoffié, Juan Pablo Galicia, Pablo Monroy y Katia Rejón.
Los comentarios también muestran cómo el sentido de algunos derechos se ha transformado en los últimos años. Así, muy probablemente el Artículo 12, sobre el derecho que tenemos a no ser objeto de injerencias arbitrarias en nuestra vida privada, probablemente ya no tenga como referente la preocupación de que el Estado revise nuestras cartas en papel, pero sí que nuestras fotografías digitales puedan ser compartidas sin nuestro consentimiento, como comenta Ana Baquedano.
Del mismo modo, el derecho a la propiedad ya no refiere únicamente a la propiedad privada, sino también a la propiedad colectiva de pueblos indígenas y comunidades rurales, como bien comenta Gabriela Torres-Mazuera.
Por otro lado, en el documento también podemos advertir cómo algunos grupos han utilizado artículos de la Declaración para actuar en contra de los derechos humanos. Tales son los casos del Artículo 16, sobre el derecho a casarse y fundar una familia, que ha sido empleado por grupos antiderechos para pronunciarse en contra del matrimonio igualitario y la adopción homoparental, como comenta Alex Orué; del Artículo 19, sobre la libertad de opinión y de expresión, con la que algunos grupos justifican la divulgación de sus discursos de odio por medio de campañas de desinformación y “noticias falsas”, como comenta Antonio Salgado; o del Artículo 26, sobre el derecho a la educación, con el que ciertos grupos quieren justificar sus ataques en contra de la enseñanza y promoción de los derechos humanos y la tolerancia hacia la diversdad, como comenta Romina España.
En el documento también se recuerdan algunos casos documentados y emblemáticos de violaciones a derechos humanos, como las detenciones arbitrarias del niño maya José Adrián y de defensores de derechos humanos en Chablekal; la represión del 4 de julio de 2011, comentada por Patricia McCarthy; la aprobación de la megagranja porcícola de Homún que violó derechos ambientales y del pueblo maya, comentada por Lourdes Medina; o los obstáculos para las candidaturas independientes que violan el derecho a participar en el gobierno del país, comentados por Olga Moguel.
Finalmente, encontramos reflexiones sobre profundos problemas de la humanidad que siguen provocando división, polarizaciones y conflictos entre los seres humanos, tales como los fundamentalismos y la intolerancia religiosa, comentada por el padre Raúl Lugo; la llegada de migrantes a nuestro país, comentada por Regina Carrillo; o la explotación laboral, particularmente las nuevas formas que cobra en el capitalismo neoliberal, comentada por Sergio Aguilar.
Esperamos que los comentarios del documento —que pueden ser encontrados en las páginas de internet, blogs y redes sociales del Centro de Estudios de Derechos Humanos de la Uady, del Colegio de Antropólogos de Yucatán y de Proyecto Utopía de Yucatán— contribuyan desde Yucatán a la reflexión, al análisis crítico y, sobre todo, a “asumir —como comenta Enrique Gallegos— la responsabildiad colectiva de construir un mundo mejor, ya sea por solidaridad colectiva o convicción propia”.
rodrigo.llanes.s@gmail.com
@RodLlanes
Investigador del Cephcis-UNAM
