Paquete económico 2019
Gabriel Alejandro Rodríguez Cedillo (*)
Apenas pasado el vaivén retórico-político referente al tema del aeropuerto, es hora de hablar de asuntos más serios, más tangibles que sí impactan a toda, pero a toda la población de México, y este es el paquete económico. Instrumento rector de la economía mexicana, y está integrado por tres documentos muy importantes, los criterios generales de política económica (CGPE), la ley de ingresos (LIF) y el presupuesto de egresos (PEF). Sin duda alguna este paquete revela mucho interés, ya que es el primero que se presenta durante un gobierno electo que interpreta el sistema económico de manera diferente a como lo hacían los gobiernos de los últimos 24 años; de igual manera es importante para conocer, o al menos acercarnos a conocer, el impacto de su diseño.
En el primer semestre de este año se presentaron los precriterios de política económica, el cual expresa hasta ese momento, de manera general, el pronóstico del comportamiento de la economía en 2019. Cuando el gobierno saliente presentó estos precriterios, a mi parecer, nunca pensó que no iba a realizar los criterios. Por lo tanto, hay que estar atentos a lo que dicen los CGPE 2019, cómo los ve el gobierno entrante, si mantiene la tendencia de los ingresos del año pasado, cómo pronostica el comportamiento de la economía nacional e internacional en el 2019, y cuáles son los objetivos y metas a cumplir. Si mantiene las mismas tendencias que las del año pasado, no habría que preocuparnos, al menos en el corto plazo.
En estos momentos ya se debe estar terminando la LIF, que es la primera en salir del paquete económico. Aquí lo que habría que analizar es la tendencia de los ingresos, ya que desde 2016 presentan un leve descenso y se tiene estimado que para 2019 se mantenga esta tendencia. El gobierno entrante ya dijo que los mecanismos institucionales para fortalecer el ingreso vía recaudación se van a relajar, además que no va a haber aumento de impuestos, entonces diríamos que la tendencia de disminución de ingresos seguirá su curso, por el contrario, se pretende llegar otra vez a una dependencia de los ingresos petroleros ya que su tendencia es al alza para este 2019; es de destacarse conocer el precio que le van asignar al barril del petróleo. Dentro de este documento es importante leer e interpretar muy bien la política de deuda, que es la que más preocupa a los grupos de interés. Lo imprescindible es continuar con el proceso de consolidación fiscal, que es el fortalecer de manera multianual la meta de superávit primario. Si se mantiene este objetivo y esta meta no habría que alarmarnos. Cabe enfatizar que haya o no aeropuerto, los procesos de refinanciamiento siempre estarán presentes, ya que el crecimiento de la economía lo amerita. Lo mejor sería que la economía crezca a tasas superiores al 4.5% de manera sostenida para fortalecer en el menor tiempo posible la consolidación fiscal. Es imperativo prever que la estructura de financiamiento sea en los mejores plazos y montos, además que los portafolios de inversión estén diversificados, esto ayudaría a que el movimiento de la tasa de cambio no afecte de manera importante a la deuda.
Controversia
El rubro que más controversia presenta es el de egresos, porque la “mala normalidad” la ve como un instrumento electorero, algo que ya no debe continuar. El gobierno anterior tuvo una política de recortes al gasto, algo que no logró, porque lo ejercido fue mayor a lo presupuestado y además no potencializó el sistema productivo. El gobierno entrante ya anunció una política de reestructuración en la asignación de los recursos, esta va a privilegiar el gasto social en jóvenes y adultos mayores; también dijo que va ampliar el gasto en capital productivo (infraestructura). Lo relevante de esta nueva asignación es que tenga retornos de la inversión en el mediano plazo, por el lado del gasto social que los jóvenes aprovechen esta oportunidad para potencializar sus capacidades, por el lado de infraestructura es que tenga efectos multiplicadores para todo el país, y que se manifieste en el crecimiento económico, no solo para una región como pensaba hacerlo el aeropuerto. En estos dos rubros lo que tiene que vigilar el gobierno es hasta qué punto el trade off entre gasto y beneficios empieza a ser negativo y la sociedad que existan los mecanismos institucionales para vigilar el correcto uso del gasto público.
Corolario: Mientras el gobierno continúe con el mensaje de que van a mantener unas finanzas públicas sanas, es decir con una política ortodoxa en el manejo de las finanzas públicas no debe haber preocupación, lo contrario sería que envíen el mensaje de que van a tener unas finanzas públicas funcionales, es decir una política heterodoxa. A mi parecer esta última es la mejor para el país.— Mérida, Yucatán.
gabriel.rodriguez@correo.uady.mx
Catedrático de la Facultad de Economía de la Uady y coordinador de la licenciatura en Comercio Internacional
