Viven en la memoria y el corazón
Es casi las 10 de la mañana. El camión de la ruta de 60 Xoclán luce casi lleno. Llama la atención el aroma de las flores que llevan algunos pasajeros en las manos.
“Le voy a llevar flores a mi mamá”. “Yo voy a ver a mi abuelita”, se alcanza a oír en una conversación.
Luego de unos minutos el autobús llega al Cementerio de Xoclán y la gente comienza a descender.
Ayer decenas de personas visitaron el panteón, donde normalmente reina el sosiego y la tranquilidad. Sin embargo, este Día de Muertos recibió a personas que, aunque sea este día, acudieron a visitar a sus difuntos.
La afluencia no era muy numerosa alrededor de las 10 de la mañana; sin embargo, en el transcurso del día fueron arribando muchos visitantes.
Al ingresar al camposanto se podía sentir el aroma de coloridas flores que la gente llevaba a sus familiares o amigos. Se observaron flores como “amor seco”, xpujil, abanico y virginia o cempasúchil.
Las personas limpiaron las lápidas y tumbas de sus difuntos. Las pintaban, colocaban velas o cambiaban las flores marchitas.
Dejaron todo listo “para que a su regreso, los difuntos encuentren todo en orden y sientan que aún no los olvidan”.
Visitantes dijeron que es necesario tener presente a los muertos, pues aunque no estén físicamente lo están en la memoria y el corazón.
“Vengo a visitar a mis papás, a mis suegros, para que ellos sepan que se les recuerda, que todavía están presentes en nuestros corazones, que los queremos mucho”, expresó María Inés Vega Martín.
“Es importante que sepan que no los olvidamos y que están entre nosotros sus recuerdos”, añadió.
Por su parte, Rosa Mex Cauich dijo que no hay que venir solo estos días a visitar a los difuntos, sino acudir seguido. Hay que pintar y darle mantenimiento a las tumbas y no dejarlas en el olvido. “Cuando uno muere no desaparece del todo”, dijo la señora.
Guadalupe González Marín señaló que hay que tenerlos en cuenta siempre y no solo en estos días. Ella fue a visitar a su madre, abuelos y una prima.
También opinó que las nuevas generaciones ya no toman en cuenta estas tradiciones, que no deben perderse, pues están más interesadas en fiestas de otros países.
Después de rezar un rato y “platicar” con sus difuntos, los visitantes empiezan a retirarse. Algunas tumbas ya no serán visitadas sino hasta el año próximo; otras quedarán en el olvido, en esperan de que alguien vaya a cambiarles el agua o las flores marchitas, aunque sea que solo lo haga el 1 de noviembre.— Abraham Bote Tun
