Cosas que pasan
Manuel Antonio Alcocer Hernández (*)
Por demás interesante e ilustrador fue el foro realizado el jueves 18 pasado en el Diario sobre el cambio de gobierno en la entidad, en el que participaron el investigador Luis Ramírez Carrillo, el exgobernador Patricio Patrón Laviada, la consejera electoral María Elena Solís Flores y el profesor Rubén Calderón Cecilio. Se hizo una amplia exposición sobre los problemas que han impedido el desarrollo del estado y se mencionaron pautas a seguir para que el nuevo gobierno estatal pueda cambiar la situación en bien de los yucatecos.
Uno de los aspectos abordados en el foro que se han mencionado más en todo el país y al que se atribuye el hartazgo de la población en general es el de la corrupción y la impunidad, que fue tema de prolongada exposición pues, como se sabe, es el problema que impide la calidad o finalización de muchas obras materiales y permite el enriquecimiento ilícito de funcionarios y empleados. Yo agregaría a esos dos fenómenos sociopolíticos la complicidad que es la columna vertebral de tan espinoso asunto y que se sabe pero no se combate en forma correcta.
Pienso que la complicidad es la madre de la impunidad y hermana de la corrupción, pues la gran mayoría de los corruptos queda impune porque una vez que las autoridades correspondientes detectan el delito de corrupción la investigación no es cómo pudo suceder sino más bien a cuánto asciende el daño causado. Son tantas las formas de corromperse, que se antoja imposible acabar de raíz con tan agudo mal. Pongamos algunos ejemplos hipotéticos.
El gobernador llama de uno en uno a un grupo de empresarios y les recuerda cuánto ha facturado durante su gestión. Con documentos en la mano le dice: “Mira, en los últimos cuatro años has facturado 1,500 millones de pesos. No te pasa nada económicamente hablando si ayudas al candidato con $10 millones o con algo más. Sólo te suplico que sea en efectivo porque los cheques dejan huella”. Y así con 10 ó 12 hombres (o mujeres) de negocios que no dicen que no porque saben que si gana el candidato del partido del gobernador ellos seguirán recibiendo trabajo. Por si las dudas, a otro candidato con posibilidades de ganar la elección también le dan su tajada. Las licitaciones por las que tanto se preocupan quienes tratan de descubrir los fraudes no tienen ninguna importancia. Ganará el concurso el que el gobierno decida.
El inicio de la corrupción, el primer paso, ya está dado. Entonces se girarán las instrucciones a la secretaría o dependencia encargada de las obras y éstos a su vez ordenarán a sus subalternos quién debe ganar el concurso. La complicidad obliga a la impunidad. La corrupción está en marcha. ¿Ha visto usted esas canchas de básquetbol con gradas y techos semicirculares? Las hay en todos los municipios y en cientos de comisarías. ¿Usted, amable lector, cree que la licitación, en caso de que la hubiere, la ganaron muchas empresas? ¡Qué va! La gana una sola y reparte el trabajo entre otras empresas que bien saben que están haciendo un trabajo subrogado por el único ganador de la licitación. La corrupción se amplía y es muy difícil o imposible llegar a la verdad.
En otro caso hipotético, el gobernador le pide al secretario de Obras Públicas que construya una carretera de primera de tal a tal comisaría. Eso es para beneficiar a un amigo cercano o pariente, pero se dice por todos lados que se están beneficiando algunos ejidos ganaderos que están en la ruta. Pero la verdad es otra porque los supuestamente beneficiados van a sus parcelas de 24 hectáreas en bicicleta o algún automotor desvencijado. Los patrocinadores de las campañas políticas nunca serán llamados corruptos porque lo único que hicieron fue dar dinero en efectivo a petición del gobernador.
Años atrás existían en los municipios unos organismos oficiales que se llamaban Junta de Mejoras Materiales.
Se daba por descontado que el presidente de ese comité sería el futuro alcalde porque ese organismo municipal manejaba el dinero para las obras públicas que en esos años eran generalmente calles pavimentadas, extensiones eléctricas, algún parque y pequeñas escuelas.
De ahí nació el dicho popular “haz mejoras… y mejoras”, que hoy se ha vuelto una consigna. Así las cosas.— Tizimín, Yucatán.
manuelantonio1109@hotmail.com
Cronista y exalcalde de Tizimín
