Bebidas etiquetadas con menor índice de alcohol incitarían a la gente a beber de más

 

MARÍA ISABEL CACERES DE URZAIZ (*)

Cuando se ingiere en breve tiempo una cantidad considerable de alcohol se produce la intoxicación alcohólica. El hígado no alcanza a metabolizarla, ya que su capacidad es limitada: una copa de alcohol por hora. El síndrome de intoxicación aguda se da en el consumo excesivo y brusco de bebidas etílicas y en cantidades superiores a la tolerancia de cada persona. Yucatán es el estado con más casos de intoxicación por alcohol de todo el país de acuerdo con el boletín epidemiológico de la Secretaría de Salud Federal de agosto 2017.

Un triste primer lugar encabezan las mujeres yucatecas con 1,125 casos reportados hasta el 16 de diciembre, le sigue Jalisco con 723 y el Estado de México con 560. Líderes también somos, en el caso de los varones, con 7,690 casos hasta el 16 de diciembre, detrás está Jalisco con 2,559 y la Ciudad de México con 2,437

Refiriéndonos a los rangos de edad, las yucatecas de 10 a 24 años son las que más consumen alcohol en la República, con una incidencia de 36.45 casos de intoxicación por cada 100,000 personas. De aquí que yucatecos de ambos sexos, menores de 40 años, presenten hoy en día casos de cirrosis hepática atendidos en el IMSS por excesiva ingesta de alcohol, ya que se ha reducido considerablemente la edad de inicio para el consumo de bebidas embriagantes.

Generosa variedad de cervezas, vinos y licores están ampliamente disponibles en cualquier parte del Estado, y más que nada en Mérida, en todos los puntos de la urbe, Norte, Sur, Este, Oeste, en tiendas de conveniencia de 24 horas, supermercados y expendios específicamente dedicados a su venta y comercialización.

Son estas tiendas pequeñas que proliferan como marabunta en carreteras, barrios, colonias y avenidas y, a pesar de toda la regulación existente, las que hacen que el consumo inmoderado de alcohol haya aumentado desmesuradamente en el estado. Ley de oferta y demanda. Tenemos además la carga de los vendedores clandestinos. El conocido y malhadado “súper clan”.

En el Centro de Integración Juvenil se afirma que “el problema (del alcoholismo) se debe al fácil acceso a drogas legales, de lo cual tienen responsabilidad la Secretaría de Salud de Yucatán y las autoridades municipales que autorizan licencias para más expendios de alcohol”. Y esta es una afirmación muy cercana a la dura realidad de Yucatán en cuanto al consumo del alcohol.

El alcoholismo, de acuerdo con la OMS, es una enfermedad progresiva, incurable y mortal. Puede detenerse, pero no curarse. Sin programas de prevención que comiencen desde la primaria en las escuelas, sin la suficiente información necesaria para conocer los estragos que el alcoholismo causa en el entorno familiar, los daños que produce en el tejido social, en el ámbito económico y laboral, en el espacio legal, y en el campo de delitos provocados por la violencia alcohólica, no se logrará implementar el proceso necesario para corregir este problema con políticas de prevención, estudio, apoyo y acompañamiento familiar y profesional.

Por desgracia el mal ejemplo comienza en el hogar. Hay algo que los adultos no estamos haciendo bien. Algo está fallando. Tanto en el entorno familiar como en el sistema político, económico y de salud de Yucatán. ¿Dónde está el error? ¿En el círculo familiar? ¿En el entorno social? ¿En las políticas judiciales, sociales ? ¿En el sistema de salud? ¿En la falta de prevención? ¿En los pésimos ejemplos? ¿En la necesidad de evasión? ¿En él ansia de diversión mal entendida?

¿Por qué jóvenes y adultos, hombres y mujeres, se ven empujados cada vez más a buscar vías de escape que los lleven fuera de la realidad? ¿Por qué la persecución de paraísos artificiales cómo alternativa a una realidad que los asfixia y de la que quieren huir? ¿Paraísos que conducen a un infierno particular de destrucción y desintegración como seres humanos, como ciudadanos, como familia?

Es verdad que puedo moldear mi realidad personal de acuerdo con lo que percibo. Construyo lo que creo, lo que hago. Y percibo el mundo según mi interior. Construyo una realidad que crea, o construyo la antirealidad que destruye, y eso es el alcoholismo. Una forma de mirar al mundo en el que la realidad se percibe de una distinta manera. Autodestructiva e imprevisible.

Por todos lados nos están llegando las señales de alarma, riñas, ataques violentos contra otras personas, homicidios, feminicidios, escándalos, accidentes fatales de tránsito, actos reñidos con la moral… El entorno social y familiar, es bueno tenerlo presente, es el apoyo más importante que tiene una persona adicta al alcohol y una de las claves para detenerlo. Se aconseja apoyar al enfermo alcohólico, no se le debe culpar por su enfermedad. El etilismo afecta la capacidad de razonamiento, el ejercicio del juicio sano. El daño a las neuronas es severo. Esto puede provocar una disminución permanente y continúa de su memoria, de su capacidad de razonamiento y deterioro de la conducta personal.

En resumen, puesto que el tema es amplísimo y delicado, y encierra aún tantos misterios por desvelar, es posible agrupar de manera sucinta estos daños en psicológicos, personales, físicos, sociales y sobre todo, familiares.

Hay que trabajar en ellos arduamente. Las autoridades tienen la palabra. Todos los semáforos están en rojo. ¿Harán algo para coadyuvar en la solución y prevención del problema?

Abogada y escritora. maica482003@yahoo.com.mx

 

Yucatán es el estado con más casos de intoxicación por alcohol de todo el país, de acuerdo con el boletín epidemiológico de la Secretaría de Salud Federal de agosto 2017

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